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A pocos días de una nueva conmemoración del 20 de mayo, organizaciones sindicales y el movimiento estudiantil intensifican los preparativos para la tradicional Marcha del Silencio, una de las manifestaciones más significativas en Uruguay en reclamo de memoria, verdad y justicia por los detenidos desaparecidos durante la dictadura cívico-militar.

Desde el Plenario Intersindical, Alicia Volpi confirmó la convocatoria y subrayó el carácter histórico de la movilización. “Como todos los años, marchamos contra la impunidad, reafirmando el compromiso sindical con los derechos humanos y la defensa de la democracia”. Además, anunció la realización de un paro general parcial dos horas antes de la marcha, con el objetivo de facilitar la participación de trabajadores y trabajadoras. La concentración principal tendrá lugar a las 18 horas en la intersección de las calles Michelini y Gutiérrez Ruiz, un punto emblemático que año tras año reúne a miles de personas. Desde allí, la marcha partirá a las 19 horas hacia la Plaza 33, donde se leerá la proclama central de la jornada.

Un ritual colectivo cargado de simbolismo

La organización prevé mantener y reforzar algunos de los elementos simbólicos que caracterizan esta movilización. Entre ellos, la presencia de imágenes de los detenidos desaparecidos y la invitación a los participantes a llevar margaritas, un gesto que busca reforzar la dimensión colectiva y solidaria del evento. Susana Seijas, integrante del Plenario Intersindical, destacó la importancia del momento previo a la marcha. “Es una instancia de reencuentro, de contención, una caricia al alma para los familiares y para quienes sobrevivieron a la dictadura”, afirmó. Según explicó, ese espacio previo permite renovar la fuerza colectiva antes de iniciar el recorrido en silencio. Además de la movilización central, se realizará una vigilia el 19 de mayo en la Plaza 33, como antesala de una jornada que, según los organizadores, trasciende lo conmemorativo para convertirse en un acto de compromiso activo.

La voz de una nueva generación

El movimiento estudiantil tendrá un papel destacado en esta edición. Representantes del sector leyeron un documento en el que enfatizan la vigencia de los reclamos y la necesidad de sostener la memoria como un eje central de la vida democrática. “La memoria no es un ejercicio de nostalgia, sino un compromiso colectivo con la verdad, la justicia y la democracia”, expresó Lucía Caracciolo. En ese sentido, los estudiantes remarcaron que el 20 de mayo “no pertenece solamente al pasado, sino también al presente y al futuro”. A más de cinco décadas del inicio del terrorismo de Estado, el documento advierte que aún persisten deudas fundamentales. Entre los principales reclamos se destacan la continuidad de las excavaciones para encontrar a los desaparecidos, la apertura total de archivos y el acceso a la información, así como el fortalecimiento de políticas educativas en derechos humanos. Martín Correa, otro de los voceros estudiantiles, alertó sobre el crecimiento de discursos negacionistas. “Cuando una sociedad relativiza el horror, debilita sus propios consensos democráticos”. En esa línea, defendió el rol de la educación pública como espacio clave para formar ciudadanos críticos y comprometidos.

Críticas a la lentitud en los avances

Durante la conferencia, también hubo cuestionamientos hacia la gestión estatal en relación con las investigaciones sobre desapariciones forzadas. Ingrid Urroz señaló que persisten la “burocracia y la lentitud” y denunció la continuidad de lo que definió como un “pacto de silencio”. “Solo estaremos en paz cuando sepamos la verdad”, afirmó, insistiendo en la necesidad de respuestas concretas para las familias de las víctimas. Asimismo, expresó su rechazo a iniciativas legislativas que podrían otorgar beneficios a condenados por delitos de lesa humanidad, reafirmando que estos crímenes “no prescriben” ni deberían recibir tratamientos especiales.

Una marcha que interpela al presente

Lejos de ser un acto meramente recordatorio, la Marcha del Silencio continúa consolidándose como una instancia de reflexión sobre la calidad democrática del país. Los organizadores coinciden en que la memoria debe ser entendida como una práctica cotidiana y no limitada a una fecha anual. “Porque siguen faltando”, fue una de las frases que resonó durante la convocatoria, sintetizando el sentido profundo de una movilización que, año tras año, mantiene intacta su vigencia.

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