Víctor Pacín /
“El tránsito refleja la crisis de valores que vive la sociedad”
El especialista en seguridad vial sostiene que la indiferencia ante los siniestros, las infracciones cotidianas y la falta de educación en valores evidencian un deterioro social.
Un reciente episodio registrado en video, donde un motociclista presencia un accidente de tránsito y continúa su camino sin detenerse a asistir a la víctima, reabrió el debate sobre el comportamiento ciudadano en las calles. Para el especialista en seguridad vial Víctor Pacín, ese hecho no constituye una excepción, sino el reflejo de una problemática mucho más profunda: la pérdida de valores y la deshumanización de la convivencia. Durante una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, Pacín afirmó que el tránsito es un espejo de la sociedad y que las conductas que allí se observan son consecuencia de una cultura donde el interés individual ha desplazado al compromiso colectivo.
Las pequeñas infracciones que terminan normalizándose
Según Pacín, el problema comienza con acciones que muchos consideran menores. Circular en contramano para ahorrar unos metros, cruzar un semáforo en rojo porque “no viene nadie” o ignorar las normas de tránsito durante la noche son ejemplos de conductas que, repetidas en el tiempo, terminan naturalizándose. A esas prácticas se suman otras de mayor riesgo, como transportar niños de manera insegura o conducir utilizando el teléfono celular. Para el especialista, todas responden a una misma lógica, la creencia de que “no pasa nada”, hasta que finalmente ocurre una tragedia. “El tránsito no solo pone a prueba nuestra habilidad para conducir; también pone a prueba nuestros valores”.
La indiferencia frente al dolor ajeno
El aspecto que más preocupa es la falta de solidaridad frente a un siniestro vial. A su juicio, ninguna excusa ya sea no tener la documentación al día, carecer de licencia de conducir o temer una multa puede justificar abandonar a una persona herida. “La vida humana siempre debe estar por encima de cualquier problema administrativo”. Considera que muchas veces no se trata únicamente del temor a enfrentar un proceso judicial o convertirse en testigo, sino de una creciente indiferencia hacia el otro. “Lo único que necesita una persona herida es que alguien la asista, la contenga y llame al 911. Una acción mínima puede marcar la diferencia entre salvar una vida o perderla”.
El efecto de los malos ejemplos
Pacín atribuye parte de esta realidad a lo que denomina un “efecto derrame” de los valores. Así como en economía se habla del derrame de riqueza, entiende que el comportamiento de quienes ocupan posiciones de liderazgo termina influyendo en toda la sociedad. Sostuvo que durante décadas no se han construido políticas sostenidas que fortalezcan el respeto por las normas y por la vida. A su entender, cuando desde los niveles más altos no se ofrecen ejemplos claros de responsabilidad y cumplimiento, ese mensaje termina reproduciéndose en todos los ámbitos. “El problema aparece cuando el ‘yo’ se impone sobre el ‘nosotros’. Una sociedad no puede funcionar si cada persona piensa únicamente en salvarse a sí misma”.
Recuperar el valor de conducir
Otro de los conceptos desarrollados fue la pérdida del prestigio que antiguamente tenía la licencia de conducir. Recordó que décadas atrás ser chofer profesional implicaba una responsabilidad y un reconocimiento social que hoy, según afirma, se ha diluido. Para el especialista, obtener una libreta de conducir no debería verse como un simple trámite administrativo, sino como la acreditación de que una persona conoce las normas, comprende los riesgos y asume responsabilidades frente a los demás. También lamentó que inspectores de tránsito y policías sean vistos muchas veces como enemigos, cuando cumplen una función destinada precisamente a proteger la vida.
Violencia e irresponsabilidad
Pacín observa un aumento de las reacciones violentas cuando alguien comete una infracción. En lugar de asumir el error, dice, la respuesta habitual suele ser la agresión verbal o incluso física.Relató situaciones en las que conductores responsables de un choque reaccionan insultando a la otra parte, sin reconocer su propia responsabilidad. También cuestionó la normalización del uso del teléfono celular al volante y las maniobras imprudentes de motociclistas que circulan entre vehículos o adelantan por lugares indebidos. “La irresponsabilidad parece haberse convertido en un deporte nacional”. A su juicio, cada conducta en la vía pública comunica un mensaje. Respetar o ignorar un semáforo, detenerse en una senda peatonal o asistir a una persona accidentada son acciones que reflejan los valores con los que cada individuo enfrenta la convivencia.
Educación desde la infancia
Frente a este escenario, Pacín considera que la solución no pasa únicamente por endurecer sanciones, sino por impulsar una transformación cultural basada en la educación. Propone incorporar de forma permanente la educación vial y la formación en valores dentro de la currícula escolar, con contenidos adaptados a cada edad y enseñados de manera lúdica. Entiende que es necesario capacitar a docentes y educadores para transmitir estos conocimientos de forma sistemática y sostenida, más allá de los cambios de gobierno. Como ejemplo, recordó campañas públicas que lograron modificar hábitos sociales, como las relacionadas con el cuidado del agua o la prevención del tabaquismo. En ambos casos, afirmó, la repetición constante del mensaje permitió generar conciencia colectiva. “Con el tránsito debería hacerse exactamente lo mismo”.
Una llamada de atención
Para Pacín, la sociedad ha llegado a un punto crítico, aunque todavía es posible revertir la situación. Considera que el primer paso consiste en reconocer que el problema no se limita a los accidentes, sino que responde a una crisis más amplia de convivencia y responsabilidad ciudadana. En su visión, recuperar el respeto por las normas implica también recuperar el respeto por las personas. “El tránsito es apenas el escenario donde se hace visible lo que somos como sociedad”.