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El 7 de agosto de 2026, desde el Cantón Militar Pichincha en Cali, el presidente Abelardo de la Espriella resaltó el valor histórico del lugar, durante uno de los actos centrales de su posesión en un discurso que duró 1 hora y 17 minutos. El presidente aprovechó la ocasión para anunciar desde Cali el inicio de una etapa orientada a recuperar “el orden, la autoridad y la libertad”, según sus propias palabras.

“Seré el presidente de todos los colombianos, de quienes me honraron con su voto y de quienes, en ejercicio de su libertad, depositaron su confianza en otras opciones políticas. Ejerceré esta responsabilidad al servicio de todos, con convicciones claras y un programa sólido, porque una administración sin principios está inexorablemente condenada al fracaso. Quienes no creyeron en mi propuesta encontrarán en los hechos la demostración de que este proyecto sirve al bien común y al progreso de toda la nación”.


“El primer campo de batalla de un gobernante es su propio corazón. Si se conserva la paz interior, se puede sembrar la paz. Si se permanece en la verdad, se puede gobernar con justicia. Y el que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido, porque el creador batallará por él. Nunca he sido hombre de promesas fáciles. He procurado, por el contrario, que sean los hechos los que hablen por mí”.


“Mi gobierno impulsará una estrecha articulación internacional en materia de inteligencia, seguridad, justicia y persecución de las finanzas criminales. Uno de mis primeros actos de gobierno, al finalizar esta ceremonia, será suscribir el Escudo de las Américas, una iniciativa que permitirá unir capacidades, compartir información estratégica y fortalecer la acción conjunta de las naciones libres frente a las amenazas que afectan la seguridad nacional y regional”.

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