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Una señal de alarma recorre la Amazonía: los bosques tropicales pueden dejar de capturar carbono y convertirse en fuentes emisoras durante episodios extremos de El Niño. Esta advertencia pone en jaque la función que cumple la mayor selva tropical del planeta frente al cambio climático.

Considerada el mayor sumidero de carbono terrestre, la Amazonía almacena cerca de 123.000 millones de toneladas de carbono. Esa capacidad actúa como barrera natural contra el avance de la crisis climática. No obstante, según un artículo divulgado en The Conversation por Amy Bennett, investigadora de la Universidad de Leeds, los eventos de El Niño alteran este delicado equilibrio. “Durante un El Niño, los bosques tropicales de Sudamérica pueden dejar de actuar como sumideros de carbono”, señaló la especialista.

La investigación, que reunió datos de más de medio millón de árboles en seis países durante tres décadas, detectó que la combinación de calor extremo y sequía impacta negativamente en la capacidad de los árboles de almacenar carbono. Al cerrar los poros de sus hojas para evitar la pérdida de agua, las plantas también reducen la absorción de dióxido de carbono, lo que limita su crecimiento y, a largo plazo, facilita la liberación de carbono cuando los árboles mueren y se descomponen. Es decir, si el árbol no puede captar CO₂ ni crecer, el ciclo se invierte y ese carbono vuelve a la atmósfera.

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