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Mientras los mercados financieros observan con preocupación la volatilidad del dólar, varios especialistas coinciden en que el verdadero sacudón no se originó en Wall Street, sino en Medio Oriente. En particular, en Riad, donde Arabia Saudita comenzó a dar señales de distanciamiento del esquema que durante medio siglo sostuvo la hegemonía monetaria estadounidense: el llamado petrodólar. Para estos analistas, el mundo asiste al final de una era iniciada en la década de 1970, cuando la geopolítica y las finanzas caminaban de la mano bajo liderazgo de Washington.

El pacto que sostuvo la hegemonía estadounidense

Desde 1974, Estados Unidos y Arabia Saudita mantuvieron un acuerdo estratégico no escrito pero decisivo. Washington garantizaba protección militar y respaldo político a la monarquía saudí, y Riad, a cambio, se comprometía a comercializar su petróleo exclusivamente en dólares. Este esquema obligó a los países importadores de energía a acumular dólares, consolidando a la moneda estadounidense como eje del comercio internacional y permitiendo a EE. UU. financiar déficits crecientes mediante la emisión.

Deuda, emisión y pérdida de respaldo real

Según estos especialistas, el valor del dólar dejó de apoyarse en la fortaleza productiva de la economía estadounidense, que se fue desindustrializando durante décadas, y pasó a depender casi exclusivamente de su rol como moneda necesaria para comprar energía. Este mecanismo permitió exportar inflación al resto del mundo, mientras la deuda pública de EE. UU escalaba a niveles históricamente inéditos, hoy estimados en más de 37 billones de dólares. El problema, advierten, es que ese sostén comenzó a resquebrajarse.

Arabia Saudita y el giro hacia nuevos esquemas

La decisión saudí de explorar sistemas alternativos de liquidación comercial, vinculados a canastas de activos reales y materias primas, es interpretada como un punto de inflexión. Para los analistas, no se trata solo de una cuestión monetaria, sino de un cambio estratégico: Riad habría comenzado a desconfiar de la capacidad estadounidense para garantizar seguridad en un mundo cada vez más multipolar, donde Eurasia gana peso militar, industrial y logístico.

El temor a las sanciones ya no es absoluto

Otro factor clave es la pérdida de efectividad del sistema de sanciones. Países productores de energía y materias primas han empezado a coordinarse para comerciar fuera del circuito dominado por el dólar, reduciendo su exposición a presiones financieras de Washington. La integración de actores como China, Rusia, Irán y los Emiratos Árabes Unidos en esquemas alternativos refuerza esta tendencia, respaldada en recursos tangibles como petróleo, gas, minerales y oro.

Un mundo que se divide en dos sistemas

Para estos especialistas, el escenario que emerge es el de un sistema financiero global de doble carril. Por un lado, el del norte desarrollado, basado en deuda, mercados financieros y monedas fiduciarias. Por otro, el de Eurasia y el sur global, anclado en activos reales y soberanía económica. En este contexto, el avance de monedas o unidades de intercambio respaldadas por materias primas es visto como un golpe directo al legado y rol del dólar como moneda de reserva indiscutida.

Un cambio de época, no un colapso inmediato

Aunque no todos hablan de un derrumbe inminente, sí coinciden en que el dólar enfrenta su mayor desafío histórico. Más que un colapso súbito, describen un proceso de erosión gradual del poder monetario estadounidense, impulsado por cambios geopolíticos profundos. Para el mundo, concluyen, no es solo una discusión financiera: es la señal de que el orden global atraviesa una transición de época.

 

 

 

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