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Los misiles balísticos rusos comenzaron a atravesar las defensas aéreas de Ucrania con una frecuencia cada vez mayor, lo que expone a las principales ciudades y a la población civil a daños devastadores, mientras Kiev enfrenta limitaciones críticas en sus sistemas de interceptación y una presión militar sostenida en el frente oriental. En la última ofensiva que sacudió Kiev y sus alrededores, los sistemas de defensa aérea no lograron interceptar ninguno de los proyectiles lanzados por Rusia. Los misiles impactaron en una cervecería, un almacén y una oficina de clasificación de correo, y provocaron la muerte de al menos 17 personas, además de decenas de heridos. La administración militar confirmó la destrucción de viviendas y edificios residenciales.

En paralelo, la intensificación de los ataques rusos en la región de Donetsk forzó la evacuación de cientos de familias con niños en Kramatorsk, donde las fuerzas rusas se acercaron a menos de 20 kilómetros del borde este de la ciudad. La creciente efectividad de los misiles balísticos rusos se explica, en parte, por la velocidad y la trayectoria de estos proyectiles, que descendieron a varias veces la velocidad del sonido con una inclinación tan pronunciada que solo las baterías Patriot suministradas por Estados Unidos lograron interceptarlos de manera puntual. A diferencia de los misiles de crucero, que volaron a baja altura y pudieron rastrearse como aviones no tripulados, los misiles balísticos se dispararon como cohetes y cayeron casi en vertical, lo que dejó a los operadores de defensa apenas unos segundos para reaccionar antes del impacto.

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