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Al cumplirse este miércoles 3 de junio cinco meses de la defenestración de Nicolás Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez, aumenta el debate sobre la legitimidad de quien ocupa la Presidencia de la República y la demanda de elecciones. La Constitución bolivariana es clara. O eso parece. “Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes”, reza el artículo 233.

Ahora, esa misma disposición establece entre las causales de la falta absoluta la muerte, renuncia, destitución decretada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), incapacidad física o mental permanente certificada por el TSJ y la Asamblea Nacional (AN), el abandono del cargo declarado por la AN, o la revocación popular del mandato.

El chavismo dice que entre los motivos no aparece un ataque militar como el ejecutado el 3 de enero por Estados Unidos, que concluyó con la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores. Basándose en esa premisa, el Poder Judicial elude la falta absoluta y en su lugar ha creado la figura de la “ausencia forzosa”, que no existe en el marco legal vigente.

Antes de entregarle el testigo a Delcy Rodríguez, la Sala Constitucional del TSJ explicó que realizaría una “interpretación sistemática y teleológica” con el fin de “garantizar la continuidad administrativa del Estado y la defensa de la Nación” sin “decidir de fondo sobre la calificación jurídica definitiva de la falta presidencial temporal o absoluta”.

La elección presidencial se ha convertido en un quebradero de cabeza para los venezolanos, que ya experimentaron la falta absoluta de un Presidente cuando Hugo Chávez murió el 5 de marzo de 2013. Tal como lo establece la Carta Magna, los ciudadanos volvieron a las urnas el 14 de abril de 2013 y Maduro derrotó al candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, por un estrecho margen de 1,49%, en medio de denuncias sobre irregularidades en el proceso. En 2018, luego del fracaso de una mesa de negociación, Maduro adelantó las elecciones presidenciales y se hizo reelegir prácticamente sin competencia, pues la oposición llamó a la abstención. Y la gota que rebasó el vaso llegó el 28 de julio de 2024, cuando el Consejo Nacional Electoral proclamó vencedor a Maduro sin presentar las actas de escrutinio. Los comprobantes en poder de la oposición muestran el triunfo de su abanderado, Edmundo González Urrutia, por una diferencia de más de 3 millones de sufragios.




 

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