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Bajo la consigna “Uruguay: Los desafíos de los próximos 10 años”, el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) celebró sus diez años con un seminario internacional realizado en  Montevideo, donde reunió a referentes políticos, economistas y especialistas de la región para debatir sobre los desafíos a futuro. El encuentro puso sobre la mesa la necesidad de impulsar transformaciones estructurales para mejorar la productividad, fortalecer el capital humano y aprovechar las oportunidades que ofrecen los cambios tecnológicos y comerciales a nivel internacional.

El escenario demográfico condiciona

El director ejecutivo del CED, Agustín Iturralde, planteó que Uruguay enfrenta un escenario demográfico que obligará a repensar sus estrategias de desarrollo y advirtió que las fortalezas institucionales del país, aunque valiosas, resultan insuficientes para garantizar un crecimiento sostenido. “La estabilidad no alcanza, la estabilidad no es suficiente”, afirmó Iturralde, al tiempo que llamó a abandonar la inercia y asumir con mayor urgencia las reformas necesarias.

Uno de los principales puntos señalados por Iturralde fue el impacto del envejecimiento poblacional sobre la economía uruguaya, particularmente por la reducción prevista de la población en edad de trabajar. Según explicó, a partir de 2031 comenzará a disminuir ese segmento de la población, lo que implicará que: “Vamos a ser menos personas activas para sostener a más personas inactivas”, sostuvo.

En ese contexto,  aseguró que mejorar la formación de los trabajadores y elevar la productividad dejará de ser solamente un objetivo deseable de política económica, al convertirse en una real necesidad de supervivencia para nuestra sociedad”.

“La estabilidad no es suficiente”

Iturralde también cuestionó la idea de que la solidez institucional uruguaya sea, por sí sola, una garantía de prosperidad futura. Si bien destacó el valor de la convivencia democrática, la estabilidad política y la previsibilidad institucional, sostuvo que esas características deben complementarse con una agenda de transformación económica. Así, advirtió que existen experiencias internacionales, como en Europa donde al no reaccionar a tiempo frente a los cambios económicos y sociales se enfrenta una notoria y grave crisis.

Iturralde con una visión optimista, apunto a las oportunidades que brindan las transformaciones tecnológicas y los cambios en el comercio internacional , lo que redundaría en reducir las desventajas históricas que enfrenta el país por su tamaño, su escala económica y su distancia de los principales centros de consumo. “El mundo que se viene tiene algunas características que puede ser mejor para países como Uruguay”, afirmó.

El director ejecutivo del CED sostuvo que las cadenas comerciales y productivas valoran cada vez más la previsibilidad y la confianza, dos atributos que Uruguay puede utilizar para fortalecer su inserción internacional. 

Sin embargo, remarcó que para aprovechar esas ventajas será necesario profundizar la apertura económica y adaptar el marco regulatorio a las nuevas tecnologías. “

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