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En su discurso en la 80ª Asamblea General de la ONU, el presidente Yamandú Orsi presentó a Uruguay como un país confiable en materia de paz y mediación, con una intervención que combinó equilibrio diplomático, referencias a la tradición democrática nacional y una postura crítica ante los excesos en Medio Oriente, sin romper el marco de alineamiento con las resoluciones internacionales. La expectativa estaba centrada en cómo Uruguay se posicionaría frente al conflicto entre Israel, Hamás y la crisis humanitaria en Gaza, un tema que divide a Occidente y ha tensionado el debate político interno.

El Frente Amplio y el propio gobierno habían endurecido sus pronunciamientos en las últimas semanas, presionados por sectores de la coalición de izquierda que reclamaban mayor firmeza crítica. En ese marco, países como Brasil, España, México, Francia y Reino Unido funcionaban como referencia para ajustar el tono. Orsi no esquivó el asunto en su discurso, aunque buscó integrarlo a una exposición más amplia sobre los lineamientos de la política exterior en sus primeros siete meses de gestión, enmarcada en temas sociales, ambientales y en la reivindicación de la estabilidad política uruguaya.

Subrayó la identidad democrática del país con ejemplos concretos: la convivencia pacífica entre partidos, la alternancia normal de gobiernos y la cercanía del presidente con la ciudadanía. Con esa base, lanzó la propuesta de que Uruguay está dispuesto a ser anfitrión de negociaciones y promotor de redes de mediación que conduzcan a la paz. “Créanme: estamos preparados para este reto cada vez más urgente y necesario”, afirmó, citando a José Mujica sobre la importancia de la tolerancia. 

El uso del término “genocidio” fue evitado por Orsi, en línea con las resoluciones de Naciones Unidas, que tampoco lo emplean. No obstante, mantuvo un tono crítico al afirmar que ningún Estado democrático puede ejercer barbarie contra la población civil bajo pretexto de defensa, y rechazó, evocando la definición académica de genocidio, la lógica bélica que busca el exterminio sistemático. Asimismo, recordó que desde 1948 Uruguay ha defendido la autodeterminación y la coexistencia pacífica de Israel y Palestina bajo la fórmula de “dos pueblos, dos naciones y dos Estados”. El mensaje, buscó más que una definición puntual sobre un conflicto doloroso: reafirmar el perfil de Uruguay en el escenario internacional.

La apuesta por la mediación y el diálogo se alinea con una tradición de diplomacia serena, pero al mismo tiempo coloca al país en una vidriera exigente, donde las palabras deben respaldarse con capacidad real de incidencia. El desafío será sostener esa imagen de “pequeño pero confiable” en un mundo donde las grandes potencias fijan el rumbo y los actores menores corren el riesgo de quedar como meros testigos. La propuesta de Orsi abre una puerta, pero el tiempo dirá si Uruguay logra transformarla en una verdadera oportunidad de influencia y prestigio.

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