El dólar en piso histórico genera un dilema al gobierno /
Entre la presión del mercado, la competitividad y la política monetaria
El dólar en Uruguay atraviesa uno de sus momentos más bajos de los últimos años y volvió a encender señales de alerta en distintos sectores de la economía. El tipo de cambio interbancario promedio registró su menor valor desde el 31 de julio de 2023, consolidando una tendencia descendente que, si bien beneficia a importadores y consumidores, genera crecientes tensiones en el aparato productivo y exportador del país.
En este contexto, el mercado da prácticamente por descontado que el Banco Central del Uruguay (BCU) anunciará entre lunes y martes de la semana próxima de un recorte de la tasa de política monetaria, actualmente ubicada en 7,5%. Según estimaciones de analistas y economistas, la reducción podría ser de hasta un punto porcentual, llevándola a 6,5%, con el objetivo de desalentar la colocación en pesos y aliviar la presión bajista sobre el dólar.
Expectativas generadas en comunicado del BCU
La expectativa se apoya en el propio comunicado del BCU, que anunció una reunión adicional en marzo, en un gesto interpretado como mayor flexibilidad ante un escenario cambiante. “Estas modificaciones del calendario permitirán una evaluación más frecuente de la coyuntura, dotando a la política monetaria de la flexibilidad necesaria para operar en un escenario particularmente dinámico”, señaló la autoridad monetaria, dejando abierta la puerta a ajustes más ágiles.
Impactos concretos en sectores importantes
Sin embargo, la caída del dólar ya genera impactos concretos. Entre los sectores más afectados se encuentran la agroindustria y los exportadores, con la excepción parcial del rubro cárnico, cuyos elevados precios internacionales han amortiguado el golpe. Para el resto, el problema es claro: un dólar bajo “no rinde” frente a costos internos altos en pesos uruguayos. Salarios, insumos locales, fletes y transporte conforman una estructura de costos que pierde competitividad cuando la divisa se deprecia, generando desfasajes cada vez más difíciles de sostener.
Limitadas herramientas para revertir la situación
Economistas coinciden en que las herramientas del gobierno para revertir esta situación son limitadas. La intervención directa en el mercado cambiario no aparece como una opción deseable, tanto por su costo como por sus efectos de corto plazo. No obstante, bajar la tasa de interés y reducir el déficit fiscal podrían contribuir a mejorar el escenario. En este punto, surgen críticas al rumbo del gasto público, ya que la Ley de Presupuesto prevé un aumento del gasto que va en sentido contrario a la consolidación fiscal que reclaman varios analistas.
Otra vía señalada para mejorar la competitividad es el precio de los combustibles. La reciente caída del entorno del 15% del precio internacional del petróleo Brent debería reflejarse en el mercado interno, aliviando costos logísticos y productivos. Para los sectores productivos, esta señal sería clave en un contexto de márgenes cada vez más ajustados.
Finalmente, algunos economistas sostienen que una baja más agresiva de la tasa en pesos podría incentivar un mayor refugio en el dólar, impulsando su cotización de manera indirecta. El desafío para el gobierno y el BCU será encontrar el equilibrio entre controlar la inflación, sostener la actividad económica y evitar que el atraso cambiario siga deteriorando la competitividad del país.