El próximo verano … /
Bajo la influencia de “El Niño” genera incertidumbre
El cambio climático continúa modificando el comportamiento del clima a escala mundial. Según un informe de Climate Central publicado en mayo del año pasado, casi la mitad de la población mundial sufrió al menos 30 días de calor extremo durante los doce meses anteriores como consecuencia directa del calentamiento global. El estudio considera como "calor extremo" aquellas temperaturas que superan el 90 % de los registros observados en una determinada región durante el período comprendido entre 1991 y 2020.
Sudamérica también siente el impacto
América del Sur no ha escapado a esta tendencia. El incremento de la temperatura media no solo implica jornadas más cálidas, sino también una mayor humedad ambiental, tormentas más intensas, incremento del riesgo de inundaciones y olas de calor más prolongadas, frecuentes y severas, similares a las que en los últimos años han afectado a Europa. Los especialistas explican que las olas de calor responden a fenómenos atmosféricos de gran escala, aunque la radiación solar desempeña un papel determinante. "Cuando la radiación solar incide sobre superficies como el concreto o el asfalto, estos materiales absorben y almacenan una gran cantidad de calor", señalan los expertos.
Las ciudades con altas temperaturas
Uno de los factores que más preocupa es el denominado efecto de "isla de calor urbana". Durante la noche, cuando cesa la radiación solar directa, el calor acumulado en calles, edificios y estructuras de hormigón comienza a liberarse lentamente, impidiendo que la temperatura descienda de manera significativa. A ello se suman otras fuentes de calor generadas por la actividad humana, como los motores de los vehículos, los equipos de aire acondicionado, las industrias y diversos procesos de combustión. Por ese motivo, los científicos sostienen que no solo importa la temperatura máxima alcanzada durante una ola de calor, sino también la persistencia de las altas temperaturas durante la noche, cuando el organismo necesita recuperarse.
Consecuencias para la salud
Las investigaciones realizadas en distintos países muestran que las olas de calor tienen efectos cada vez más evidentes sobre la salud de la población. Entre las principales consecuencias aparecen trastornos del sueño, aumento de la presión arterial, fatiga, afectaciones a la salud mental y el agravamiento de enfermedades crónicas. Un estudio que analizó 21 ciudades determinó que en 15 de ellas se registró un incremento significativo de la mortalidad durante las olas de calor o en los días posteriores. Las muertes asociadas a estos eventos estuvieron principalmente vinculadas a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, tomando como referencia registros correspondientes al período 2015-2019.
¿Qué puede ocurrir en Uruguay?
En Uruguay todavía resulta prematuro establecer con certeza cómo será el próximo verano. Buena parte de esa incertidumbre está asociada a la evolución del fenómeno El Niño. Los especialistas consideran que su máxima intensidad podría alcanzarse hacia finales de la primavera o incluso extenderse durante parte del verano. Si El Niño mantiene una mayor frecuencia de lluvias, nubosidad y tormentas, es posible que contribuya a moderar las temperaturas extremas. Sin embargo, si esas condiciones disminuyen y predominan períodos prolongados de cielo despejado, Uruguay podría experimentar episodios de calor intenso, similares a los registrados recientemente en otras regiones del mundo.
Un verano bajo observación
El comportamiento del clima durante los próximos meses dependerá de la interacción entre el calentamiento global y la evolución de El Niño. Mientras tanto, los especialistas coinciden en que el Cono Sur deberá prepararse para un escenario donde los eventos extremos serán cada vez más frecuentes y donde las altas temperaturas no solo representarán un desafío ambiental, sino también un importante problema para la salud pública y la calidad de vida de la población.