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La economía uruguaya comenzó a mostrar señales que hasta hace poco parecían difíciles de imaginar. Después de varios períodos de crecimiento moderado, la actividad perdió impulso y los últimos datos del Banco Central del Uruguay (BCU) encendieron una luz amarilla sobre el rumbo económico. El dato más reciente es contundente: el Producto Interno Bruto cayó 0,8% en el segundo trimestre de 2026 respecto al primero, en términos desestacionalizados. A su vez, en la comparación con igual trimestre de 2025, el PIB registró una contracción de 0,5%.  El número adquiere mayor relevancia porque el primer trimestre todavía había mostrado un crecimiento de 0,8%. Es decir, la economía pasó rápidamente de una expansión moderada a una contracción trimestral.

Dos meses de retroceso y una advertencia

La evolución mensual tampoco resulta tranquilizadora. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), elaborado por el BCU, registró retrocesos interanuales durante abril y mayo. En junio, sin embargo, la actividad volvió a crecer 0,7% interanual y 1,4% respecto de mayo en términos desestacionalizados. 

Esto introduce un matiz importante. No existe una caída continua de todos los sectores ni una contracción generalizada de la economía. De hecho, durante el segundo trimestre crecieron el comercio, el alojamiento y los servicios de comidas y bebidas, además de la industria manufacturera.

El principal factor negativo estuvo en el sector agropecuario, la pesca y la minería, afectados particularmente por la sequía. El BCU ya había advertido que el comportamiento del agro sería uno de los principales condicionantes del crecimiento durante 2026.  Pero reducir todo el fenómeno a un problema climático sería insuficiente. También existe una señal preocupante en el frente externo: durante el segundo trimestre las exportaciones cayeron 3,9% en volumen físico, mientras las importaciones aumentaron 7,8%. 

Todavía no es recesión

Desde el punto de vista técnico, todavía sería prematuro afirmar que Uruguay ingresó en una recesión.

La definición más difundida identifica una recesión con dos trimestres consecutivos de caída del PIB. Uruguay registra, hasta ahora, un trimestre de contracción después de otro de crecimiento.

Pero tampoco sería prudente minimizar el cambio de tendencia.

El propio mercado está moderando sus expectativas. En septiembre, la encuesta del BCU a analistas situó la mediana de crecimiento del PIB para todo 2026 en apenas 1%, con estimaciones que van desde 0,3% hasta 2,07%. Para 2027, la mediana se ubica en 1,7%. 

Es un escenario muy diferente al de una economía creciendo con fuerza.

La economía del gobierno de Orsi ante una prueba

Para el gobierno de Yamandú Orsi, el desafío comienza a ser evitar que una desaceleración termine transformándose en un período prolongado de estancamiento.

El dato del segundo trimestre no permite hablar todavía de recesión, pero sí de una economía que perdió velocidad y que enfrenta dificultades para sostener el crecimiento.

La diferencia entre estancamiento y recesión dependerá ahora de lo que ocurra en los próximos meses. Si la actividad logra recuperar dinamismo, el segundo trimestre podría terminar siendo solamente un bache. Si, en cambio, la contracción se profundiza y alcanza al consumo, la inversión, el empleo y la producción de manera más amplia, la discusión sobre una eventual recesión dejará de ser una hipótesis para convertirse en una realidad económica.

Por ahora, el diagnóstico más preciso es otro: Uruguay no está técnicamente en recesión, pero ya no puede decirse que atraviesa una etapa de crecimiento firme. La economía está en zona de alerta.

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