No es África ni Haití, es Canelones /
Toledo sin agua: cuando la dignidad se seca
Esto no ocurre en un país devastado por la guerra ni en una región olvidada del planeta. No es África ni Haití. Es Toledo, en el departamento de Canelones, Uruguay. Desde el 25 de diciembre, decenas de familias viven sin acceso regular al agua potable, en pleno verano, cuando las altas temperaturas convierten la falta de este recurso en una situación desesperante. La postal es dura y contradictoria con la imagen que el país suele proyectar: personas esperando agua con bidones, hogares organizando su día en función de cuántos litros quedan disponibles, niños y adultos mayores padeciendo una carencia que no debería existir en estas latitudes.
Un derecho humano vulnerado
El acceso al agua potable no es un privilegio ni una concesión excepcional. Es un derecho humano básico, reconocido por organismos internacionales y consagrado en la Constitución. Sin embargo, hoy en Toledo ese derecho está siendo vulnerado de forma concreta y prolongada. Cuando el agua falta, no solo se afecta la higiene o la alimentación. Se compromete la salud, se altera la vida cotidiana y se quiebra un principio esencial: el de la igualdad de condiciones para vivir con dignidad.
La dignidad puesta a prueba
Hablar de dignidad es hablar de lo cotidiano. De poder abrir una canilla y que salga agua. De no tener que medir cada gesto, cada lavado, cada comida. De no depender de la llegada de un camión cisterna para satisfacer una necesidad elemental. La escasez de agua no es solo una molestia: es una forma de exclusión silenciosa. Obliga a las familias a adaptarse a lo inaceptable y expone, con crudeza, las desigualdades que persisten incluso en contextos donde se supone que los derechos están garantizados.
Una realidad que interpela a todos
Lo que ocurre en Toledo no es un problema aislado ni exclusivo de quienes lo sufren directamente. Es un llamado de atención que interpela a las autoridades, a las instituciones y a la sociedad en su conjunto. ¿Cómo se explica que, en pleno siglo XXI, haya familias que pasen las fiestas sin agua potable? ¿Cómo se tolera que una situación así se prolongue sin soluciones de fondo? El silencio y la indiferencia no pueden ser parte de la respuesta.
Empatía frente a la indiferencia
La empatía es clave para comprender la dimensión del problema. Hoy es Toledo, mañana puede ser cualquier otro barrio, cualquier otra localidad. Normalizar que haya personas esperando agua en Uruguay, en pleno verano, es aceptar un retroceso que no debería ser admisible. Esta situación debería sacudir conciencias y generar acciones concretas. Ninguna familia debería vivir así. El acceso al agua es vida, es salud, es dignidad. Que la empatía sea más fuerte que la indiferencia.
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