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La propuesta de reducir la jornada laboral en Uruguay comenzó a generar un fuerte enfrentamiento entre el gobierno nacional y las principales cámaras empresariales, en un debate que ya aparece como uno de los temas más sensibles de la agenda laboral y económica del país. La situación quedó en evidencia durante la última reunión del Consejo Superior Tripartito (CST), donde cuatro de los seis representantes patronales rechazaron integrar la comisión que analizará la eventual reducción del tiempo de trabajo, mientras que solamente los sectores de transporte y construcción aceptaron participar del ámbito de discusión.

Jerarquía de Ministerio de Trabajo sorprendida

El subsecretario del MTSS, Hugo Barretto, admitió que resultó “llamativa” la negativa empresarial a discutir el tema, señalando que el diálogo es precisamente más importante cuando existen posiciones enfrentadas. Según indicó, el gobierno pretendía abrir un ámbito de intercambio técnico y político sobre una discusión que ya se desarrolla en numerosos países y que forma parte de los cambios en las relaciones laborales a nivel internacional. Barretto sostuvo además que desde el Ministerio no lograron conocer claramente las razones formales de la negativa empresarial, aunque posteriormente distintas cámaras expusieron públicamente sus argumentos.

Desde el sector privado, las críticas apuntan al impacto económico

Uno de los planteos más duros fue realizado por Pablo Durán, representante de la Cámara Nacional de la Alimentación, quien sostuvo que integrar la comisión podría interpretarse como una aceptación implícita de una medida con la que el empresariado mantiene “objeciones sustanciales” desde el punto de vista económico y productivo. En la misma línea se expresó el presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), Leonardo García, quien afirmó que el sector industrial atraviesa una situación compleja marcada por problemas de competitividad, bajo crecimiento y cierre de empresas. Entiende que, incluso comenzar a debatir el tema genera incertidumbre para las inversiones y para el funcionamiento de las empresas, especialmente en un contexto internacional inestable. Según García, la industria uruguaya, al competir directamente con mercados internacionales, vería incrementados sus costos frente a competidores externos si se avanza hacia una reducción de la jornada laboral sin mejoras equivalentes en productividad.

La posición del gobierno

Desde el gobierno, en cambio, se insiste en que el análisis debe realizarse de manera gradual, técnica y dialogada, tomando como referencia experiencias internacionales como la de Chile, que implementó una reducción progresiva hasta alcanzar las 40 horas semanales. El ministro de Trabajo, Juan Castillo, ya había adelantado que el gobierno no eludirá la discusión y comparó el debate actual con las históricas luchas obreras por mejores condiciones laborales desarrolladas desde el siglo XIX. Mientras tanto, el PIT-CNT anunció la creación de su propia comisión sectorial para estudiar el tema junto a técnicos y especialistas de la Universidad de la República, reforzando así la presión sindical para avanzar en la reducción horaria.

Complejo escenario se genera

El escenario deja planteado un debate complejo que enfrenta dos visiones claramente distintas: por un lado, quienes sostienen que reducir la jornada laboral representa un avance en calidad de vida y modernización de las relaciones de trabajo; y por otro, quienes advierten que aplicar esa medida en el actual contexto económico podría afectar la competitividad, desalentar inversiones y profundizar las dificultades de sectores productivos ya golpeados. Si bien la discusión recién comienza, la fractura generada entre el gobierno y buena parte del empresariado deja en evidencia que el camino hacia eventuales cambios en el régimen laboral uruguayo estará marcado por fuertes tensiones económicas y políticas.

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