Anotaciones Callejeras
Hablábamos días pasados con un funcionario del área de Recolección de la Intendencia. De los que les toca ir, en su caso de madrugada, corriendo al costado o detrás del camión y arrojando hacia dentro de él las bolsas o cajas de basura. Como la charla era informal, distendida, hablamos desde el ejercicio físico que implica esa labor hasta de las cosas más insólitas que pueden encontrarse en los recipientes de residuos domésticos.
Juntos recordábamos un sketch del viejo programa humorístico Plop, uruguayo. Seguramente alguno de nuestros lectores lo recuerde. Aparecían dos señoras barriendo la vereda y mientras lo hacían, se pasaban las horas charlando. Pero la charla giraba sobre todo en torno a las cosas que se veían en las bolsas de basura de los vecinos. Eso les permitía juzgar la vida de sus vecinos. El slogan era así como “dime lo que tiras y te diré cómo vives”. Este funcionario salteño, nos decía bromeando: “¡si se podrán sacar conclusiones de la vida de algunos salteños, observando los residuos que sacan a la calle!”.
Ahora ya totalmente fuera de broma, nos hablaba también del peligro de lastimarse las manos en esta tarea. Y nos contaba que, si bien alguna vez se han hecho algunas campañas de concientización, “la gente no entiende, y te deja desde vidrios hasta metales con punta sin ningún envoltorio y a veces los ves cuando ya te lastimaste una mano”. Es un tema de cuidado sin dudas, de precaución, de empatía, de conciencia.
Asistimos casualmente ayer a una “discusión” (en buenos términos) entre un hombre y una mujer sobre la pertinencia o no de la exigencia de usar uniformes los estudiantes liceales. El hombre decía que “cada uno tendría que ir con lo que tenga, del color y tipo que sea”. O sea, se mostraba en contra de las exigencias en ese sentido. En cambio, la mujer decía que “usar uniforme libera a los gurises de tener que pensar y preocuparse con qué ropa voy hoy o mañana”. Esta mujer decía también, que vestir siempre uniforme es la mejor forma de que no estén comparándose marcas y precios de ropa permanentemente. Esto último, según ella, “se da más bien entre las mujeres, con los vaqueros, las botas y las camperas”. Hasta que ahí apareció una tercera persona, casi adolescente ella, que dijo algo bien interesante: “sea una cosa o la otra, para mí es importante que el liceo mantenga el mismo criterio todo el año, y otra cosa: que no haga diferencias con nadie a cada rato…”.