Con producir bien no alcanza
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Por el Dr. Luca Manassi Orihuela
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Salto tiene buenos campos para distintas actividades productivas y una tradición agropecuaria que atraviesa generaciones. Ganadería, agricultura, citricultura, horticultura y hasta lechería forman parte de una economía que genera trabajo, mueve el comercio y sostiene numerosas localidades del interior departamental. Pero tener condiciones naturales para producir no significa necesariamente tener buenas condiciones económicas para hacerlo.
Un reciente informe de CERES sobre el desarrollo de Salto confirma la enorme importancia del sector agropecuario para nuestra economía. Y también deja planteada una cuestión que merece nuestra atención: ¿cuánto cuesta producir? Un ganadero puede invertir en genética, mejorar las pasturas, controlar la sanidad y conseguir más kilos de carne por hectárea. Un agricultor puede incorporar maquinaria y tecnología para obtener mejores rendimientos. Un tambero puede aumentar la producción de leche por vaca. Pero ninguno de ellos decide cuánto cuesta el combustible, qué impuestos paga, en qué condiciones se encuentran los caminos o a qué precio internacional venderá su producción.
La ganadería atraviesa un momento excepcional, favorecida por los buenos precios de la carne. Es una excelente noticia para Salto y para el país. Pero conviene no confundir buenos precios con buena competitividad. Hoy esos valores permiten absorber costos que, en otras circunstancias, serían mucho más difíciles de soportar. Dios no quiera, pero si mañana los precios caen, muchas de las dificultades que hoy pasan inadvertidas van a quedar al descubierto. Y más de un establecimiento podría encontrarse con que los números ya no cierran. Porque una cosa es que el negocio sea rentable cuando los precios acompañan, y otra bien distinta es que pueda sostenerse cuando dejan de hacerlo.
El problema es que buena parte de nuestra producción compite en mercados internacionales. Ahí no alcanza con producir bien: también hay que hacerlo a costos que permitan competir con productores de otros países. Lo tenemos clarísimo con el arroz, somos los terceros productores mundiales en rendimiento, y aún así a veces los números no dan.
Mientras el precio de venta depende muchas veces del mercado mundial, los costos internos dependen de las condiciones económicas de nuestro país. El informe de CERES identifica dificultades que afectan la competitividad de Salto. Entre ellas aparecen los costos de producción, las limitaciones de infraestructura, las dificultades para invertir y la necesidad de mejorar la formación técnica.
Un ejemplo concreto es la infraestructura vial. Salto tiene la menor densidad de rutas pavimentadas del Uruguay. Para un departamento tan extenso, trasladar ganado, granos, insumos o fruta puede resultar especialmente costoso. Pero el desafío va bastante más allá de los caminos. El precio de la energía, los combustibles, la carga tributaria, los costos laborales y las dificultades para acceder al financiamiento pesan sobre las decisiones de cualquier empresa agropecuaria. Cada peso adicional que cuesta producir es un peso menos disponible para invertir, mejorar instalaciones, o contratar trabajadores. Por eso, si queremos impulsar la producción, la primera tarea debería ser revisar qué costos y obstáculos le estamos poniendo a quienes producen. Simplificar trámites, reducir cargas innecesarias, facilitar el acceso al crédito y generar condiciones más favorables para invertir deberían ocupar un lugar central en cualquier agenda de desarrollo productivo.
También es necesario mejorar la infraestructura y promover la incorporación de tecnología, pero ninguna de esas medidas sustituye la necesidad de contar con costos competitivos. De poco sirve mejorar la productividad si la mayor parte de esa mejora termina absorbida por los costos de producir. No se trata de pedir que el Estado garantice la rentabilidad de los establecimientos ni que elimine los riesgos propios de cualquier actividad empresarial. El riesgo existe y va a seguir existiendo, es la base del sistema.
Lo que tenemos que lograr es que el Estado no agregue dificultades innecesarias a una actividad que ya enfrenta suficientes incertidumbres, climáticas y comerciales. Salto tiene condiciones naturales, productores capaces y una larga tradición agropecuaria. Hoy, además, cuenta con precios ganaderos que acompañan. Creo yo que es precisamente por eso que este es el momento de discutir los problemas de fondo. Porque los buenos precios internacionales pueden durar más o menos tiempo. Lo que no podemos permitirnos es esperar a que bajen para descubrir cuánto nos cuesta producir.