La pesca uruguaya vuelve a levantar sus redes
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Por Jose Pedro Cardozo
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Hay actividades productivas que, por su importancia estratégica, deberían ocupar un lugar destacado en la agenda nacional. La pesca es una de ellas. Sin embargo, durante demasiado tiempo, el sector pesquero uruguayo ha debido enfrentar una combinación perjudicial de conflictos laborales, incertidumbre, dificultades operativas y falta de una visión de largo plazo que permita explotar responsablemente su enorme potencial.
La prolongada y salvaje huelga que paralizó la actividad constituyó una demostración elocuente de hasta dónde puede llegar la destrucción cuando los conflictos se prolongan más allá de toda racionalidad. No se trató solamente de barcos amarrados, bodegas vacías o mercadería que dejó de exportarse. Detrás de cada jornada de paralización hubo trabajadores sin actividad, empresas sometidas a pérdidas, compromisos comerciales comprometidos y mercados internacionales que no esperan indefinidamente a que se resuelvan las disputas.
Porque en el comercio internacional hay una regla elemental que algunos parecen olvidar: los compradores necesitan certezas, los mercados exigen continuidad y los competidores están siempre dispuestos a ocupar el espacio que otros abandonan. Recuperar la confianza, después de una crisis de semejante magnitud, no es tarea sencilla.
Pero la pesca uruguaya está dando señales alentadoras.
Con la normalización de la actividad y la aparición de nuevos actores en el marco de una necesaria refundación del sector, comienzan a registrarse resultados que permiten mirar el futuro con mayor optimismo. La concreción de operaciones comerciales y el avance de exportaciones importantes confirman que existe demanda para los productos pesqueros uruguayos y que, cuando se recuperan las condiciones para trabajar, producir y cumplir con los compromisos asumidos, la actividad puede volver a generar riqueza.
Esta recuperación merece ser valorada, no solamente por quienes participan directamente de la industria, sino por el conjunto del país. La pesca genera empleo, moviliza servicios portuarios, transporte, logística, mantenimiento naval, procesamiento industrial y una extensa cadena de actividades conexas. Cada barco que vuelve a operar representa mucho más que una embarcación en movimiento: significa trabajo, producción y oportunidades para numerosas familias.
También significa ingreso de divisas en una economía que necesita diversificar sus fuentes de exportación y aprovechar mejor sus recursos naturales. Uruguay no puede conformarse con depender de un puñado de rubros productivos mientras mantiene otros sectores con capacidad de crecimiento sometidos a ciclos de crisis que terminan perjudicando a todos.
Naturalmente, una recuperación inicial no garantiza por sí sola un futuro consolidado. Será necesario sostener la actividad, recuperar mercados, atraer inversiones, modernizar las operaciones y establecer relaciones laborales capaces de compatibilizar los derechos de los trabajadores con la continuidad de la producción. Ninguna empresa puede funcionar en un escenario de permanente incertidumbre, pero tampoco existe industria próspera sin trabajadores, capacitación y condiciones adecuadas de empleo.
La lección que dejó el conflicto debería ser asumida por todos. La negociación es legítima y necesaria; la defensa de los derechos laborales también. Pero convertir una actividad productiva en rehén de disputas interminables tiene costos que terminan pagando incluso quienes no participaron de ellas. Y cuando los mercados se pierden, las consecuencias no desaparecen automáticamente con la firma de un acuerdo.
La refundación de la pesca uruguaya debe servir, por tanto, para dejar atrás una etapa de parálisis y abrir otra de responsabilidad, inversión y crecimiento. Los nuevos actores tienen ante sí el desafío de demostrar que es posible recuperar la confianza y construir un negocio sostenible. El Estado, por su parte, debe acompañar con reglas claras, controles adecuados y políticas que estimulen la producción, sin convertirse en espectador pasivo ni en obstáculo burocrático.
Uruguay necesita más empresas que produzcan, más trabajadores ocupados y más exportaciones que generen riqueza genuina. Si la pesca está demostrando que puede volver a ponerse de pie después de una crisis devastadora, corresponde respaldar esa recuperación y aprender de lo ocurrido.
Porque un país pequeño, que necesita venderle al mundo para crecer, no puede darse el lujo de destruir su capacidad productiva desde adentro. La pesca vuelve a levantar sus redes. Ahora el desafío es que no vuelvan a quedar atrapadas en la maraña de los conflictos, la imprevisión y la irresponsabilidad.