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En los últimos días volvió a instalarse un tema que genera discusión en los usuarios: el supuesto ausentismo en las consultas coordinadas de policlínica en el Hospital Regional Salto. Desde la dirección se plantea que muchas personas sacan número y luego no concurren, lo que terminaría afectando el funcionamiento del sistema. Sin embargo, cuando uno analiza la situación con un poco más de calma, aparecen dudas razonables.

Lo primero que llama la atención es que esta explicación surge después de cambios importantes en la organización del propio hospital. El sistema de policlínicas no funciona hoy de la misma manera que funcionaba años atrás. De hecho, muchos de los médicos que atendían en esos consultorios hoy están cumpliendo funciones en la puerta de emergencia. Es decir, el propio hospital decidió modificar el esquema de atención. Y cuando se cambia el sistema, también cambian las consecuencias.

Durante mucho tiempo las policlínicas fueron una puerta de acceso fundamental para la atención de la gente. Vecinos de distintos barrios concurrían a esos consultorios para consultas médicas, controles o seguimiento de enfermedades. Quienes hemos pasado por esos lugares sabemos bien cómo era la dinámica diaria.

Los consultorios estaban llenos. Había pacientes esperando su turno y profesionales trabajando sin pausa. En muchas jornadas los médicos atendían hasta 25 o 30 pacientes en una sola consulta. Esa era la realidad que se veía en los pasillos y en las salas de espera. Por eso sorprende escuchar ahora que el problema sería el ausentismo de los usuarios.

Si realmente se quiere saber qué ocurría en las policlínicas, quizás la respuesta más simple sea preguntarle a quienes trabajaban allí. A los propios médicos que durante años atendieron en esos consultorios y que hoy, en muchos casos, fueron trasladados a la emergencia. Ellos pueden decir con claridad cuántos pacientes veían por jornada. Ellos pueden contar cuánta gente concurría a atenderse. Y probablemente su testimonio aporte una mirada mucho más cercana a lo que realmente pasaba.

Porque también hay otro aspecto que no se puede ignorar. Cuando se reducen los espacios de atención en policlínica o se cambia el sistema de consultas, la gente no desaparece. La gente sigue enfermándose, sigue necesitando controles y sigue buscando atención médica. Lo que ocurre entonces es que el paciente termina recurriendo a la puerta de emergencia, que pasa a convertirse en el único lugar donde siente que puede ser atendido. Y así la emergencia se vuelve cada vez más saturada.

Las largas esperas que hoy se viven en el hospital no son un fenómeno nuevo. Son una realidad que muchos usuarios conocen desde hace años. Horas de espera para ser atendido, demoras para realizar estudios y pacientes aguardando durante largo tiempo en los pasillos. Por eso es importante que el debate se dé con sinceridad.

Nadie discute que el hospital cumple un rol fundamental para la comunidad. Tampoco se trata de cuestionar el trabajo de los profesionales de la salud, que muchas veces realizan su tarea con enorme esfuerzo. Pero una cosa es defender al hospital y otra muy distinta es construir explicaciones que no reflejan lo que la gente ve todos los días. Cuando se habla de ausentismo en las policlínicas, también hay que mirar qué pasó con ese sistema de atención. Qué cambios se hicieron, qué médicos fueron trasladados y cómo se reorganizó el servicio.

Porque muchas veces lo que se dice desde los escritorios dista bastante de lo que ocurre en la realidad cotidiana. La salud pública necesita diagnósticos honestos. Solo así se pueden encontrar soluciones reales. Cuando el diagnóstico es equivocado, el problema no desaparece. Simplemente se traslada a otro lugar. Y en este caso, ese lugar parece ser la puerta de emergencia.

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