En defensa de la "vieja política"
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Por Lic. Fabian Bochia
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ffbochia@hotmail.com
Hace un tiempo prudencial, no poco, ha asomado la ida del "que se vayan todos" dejando espacio a una especie de nueva política, gente que llegaría "sin los vicios de la vieja política". Es un relato que normalmente prende pero que tiene sus riesgos como ya vamos a ver. Porque para eso entendemos interesante tomar nada menos que la palabra de un experto italiano que analizó y mucho el tema corrupción y la voz de Julio María Sanguinetti, viejo defensor de los partidos políticos uruguayos. En ambos casos hay reflexiones que vale la pena tomar, pensar, y luego, como todo, se podrá coincidir o no. Pero creemos los aportes son muy interesantes y los compartimos.
Alessandro Pizzorno (1924-2019) fue un sociólogo, politólogo y filósofo italiano. Con apenas treinta años, asumió la dirección del Centro de Relaciones Laborales de Olivetti en Ivrea, donde forjó su investigación sobre la identidad como factor crucial en las luchas del movimiento obrero. Enseñó en importantes universidades italianas y extranjeras: Urbino, Milán, Oxford, Harvard, Teherán y el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Además de importantes estudios sobre temas sociológicos, realizó investigaciones sobre sociología económica y política, en particular sobre los sindicatos y los conflictos de clase, la política italiana y las relaciones entre los sistemas políticos y económicos en las sociedades industriales.
Los ensayos del italiano Alessandro Pizzorno, sociólogo experto en el funcionamiento de los sistemas de corrupción en la política, son aplicables a varios panoramas latinoamericanos. Proyectándonos en la mirada del eperto italiano, para Pizzorno, no se trata solamente de “episodios de moral individual” o “pecados personales” cuando hablamos de corrupción. La corrupción genera un sistema político, integrado por lealtades y formas de decisión estimuladas por el dinero y/o la extorsión, algo que podría estar ocurriendo en muchos países de la región desde hace tiempo.
Esto es lo interesante del pensamiento de Pizzorno. Él decía que la corrupción prospera más entre gente que viene al poder en nombre de la nueva política, no de la vieja política. Esto se debe a que son personas que, en general, no se conocen entre ellos. Entonces, nadie controla a nadie y nadie sabe ni siquiera las características morales del otro. Por otra parte, el antiguo grupo al que pertenecían en la vida privada ya no está, esa mirada ya no los controla. Y el nuevo grupo al que se incorporan, que es el grupo de la política, tampoco los conoce. En ese vacío de control social prospera la corrupción.
Quiere decir que, para Pizzorno -que escribe todo esto hace muchos años-, hay que tener especial cuidado con los discursos antipolíticos que vienen a pretender curar la política desde afuera de la misma. Porque es ahí donde el pecado muestra la hilacha.
Esto nos lleva a recordar por ejemplo las palabras de Julio María Sanguinetti. Él es un gran defensor de los partidos políticos, y no le gusta que aparezcan movimientos "por fuera" por llamarlo de alguna manera. Esto quiere decir que el ex presidente entiende que una nación con la antigüedad de la nuestra necesita renovar las figuras, no los partidos, y que el electorado tiene buena calidad de oferta por ejemplo con el Frente Amplio, el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Partido Independiente; quizás era una elíptica para Cabildo Abierto o Salle. Está bien, quizás sumando las dos miradas, la del sociólogo europeo y del ex mandatario se podría decir que hay que cuidar a los partidos, hay que cuidar a las instituciones pues es a partir de estos que se cuida la democracia pues tienen vida, cultura y gimnasia institucional y no necesitan gente de afuera para renovar la propuesta. Hay algo interesante en todo esto.