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Hay una frase que en estos días se repite mucho en Salto: “No hay plata”. La escucho en comercios a los que habitualmente llego, en conversaciones con vecinos y también entre comerciantes, especialmente de barrio. Algunos dicen que hay poco movimiento. Otros aseguran que las ventas están muy quietas. Y cuando uno pregunta por qué, aparecen distintas explicaciones. “Todavía nadie cobró”. “Es fin de mes”. “La gente ya gastó todo”. Puede ser. Y seguramente cada uno tendrá su realidad y sus números para explicar lo que está pasando.

Pero hay algo que me llama la atención. Uno sale temprano a la calle y ve poco movimiento. En algunos comercios hay poca gente. Las calles parecen más tranquilas de lo habitual. Y entonces aparece nuevamente la frase: “Está muerto”. Ahora bien, cuando uno mira para otro lado de la ciudad, aparece una realidad diferente. Tenemos un parque de diversiones que durante los fines de semana recibe muchísima gente. Llegó un circo a Salto y se pueden ver colas de varias cuadras para ingresar.

Y seguramente, cuando comience la Expo Salto 2026, las instalaciones de la Asociación Agropecuaria, en la zona del Hipódromo, volverán a recibir a miles de personas. Entonces aparece una pregunta que, por lo menos a mí, me resulta difícil de responder: Si no hay circulante, ¿cómo se explica la cantidad de personas que participan de estos eventos?

No estoy diciendo que la gente no tenga dificultades económicas. Todo lo contrario. Seguramente hay muchas familias haciendo cuentas, cuidando cada peso y priorizando sus gastos. Pero también es evidente que existe una necesidad de salir, distraerse, llevar a los hijos a un espectáculo, comer algo, compartir con amigos o simplemente pasar un rato diferente. Y eso también forma parte de la vida. Quizás el problema no sea solamente cuánto dinero hay, sino cómo se está gastando ese dinero.

Quizás las familias estén dejando algunas compras para después y priorizando determinadas actividades. Quizás haya sectores de la economía que estén sintiendo más el freno que otros. Y quizás también tengamos que esperar algunos días antes de sacar conclusiones. Por eso me quedo con una frase que escuché varias veces: “Esperemos una semana y vemos”. Puede ser una buena medida.

Porque una semana puede cambiar mucho el movimiento comercial. Llegan salarios, jubilaciones, pagos, comienza otro período del mes y veremos si esa sensación de quietud cambia. Lo importante es escuchar a quienes están detrás del mostrador todos los días. El comerciante sabe cuándo entra gente, cuándo se vende y cuándo una jornada termina con la caja casi vacía. Pero también tenemos que mirar toda la realidad.

Porque mientras algunos dicen que “no hay plata”, otros lugares están llenos. Y esa contradicción merece ser observada, sin exageraciones y sin buscar culpables rápidamente. Salto necesita movimiento. Necesita comercio, trabajo, actividades, espectáculos y gente circulando. Ojalá que en los próximos días los comerciantes puedan decir algo diferente. Ojalá escuchemos: “Se empezó a mover”.

Porque al final, esto también se parece al fútbol. Hay partidos en los que durante 80 minutos parece que no pasa nada. La pelota no entra, la tribuna se impacienta y todos dicen que el equipo está muerto. Pero quedan diez minutos. Y a veces, en esos diez minutos, cambia todo. Esperemos que Salto esté simplemente en el entretiempo y que en los próximos días vuelva a aparecer el gol.

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