Pobreza y exclusión en América Latina
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Por Lic. Fabian Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
Hay que buscar mucho y aún así resulta muy difícil de encontrar en el mundo un país que hoy tenga más pobres que hace 25 años, dice un editorial del Diario La Nación de Argentina respecto de su propio país. Es casi imposible encontrarlo en América Latina. Por ejemplo, la pobreza en Perú tiene alzas y bajas. Pero si miramos el 2024 contra el 2010 hay un descenso nítido. En Brasil, el descenso es más notorio: hoy es de 20,6% y estaba en 32% en 2010. En Uruguay es estable cayendo: 5,9%. Y en Chile también, drásticamente cayó, donde en 2010 estaba la pobreza por encima del 20% y hoy es de 4,5%, aún habiendo atravesado distintos tipos de gobiernos. Es decir, la pobreza es una enfermedad que se va volviendo antigua. Otra cuestión es la desigualdad. Pero en la región hubo un avance muy notorio en términos de combates exitosos a la pobreza. En la Argentina no. Hoy, proporcionalmente, tenemos más pobres que los que teníamos hace 25 años comentan y se entiende.
Un problema que se está generando es que todos nos vamos acostumbrando a la pobreza, entendemos que los asentamientos forman parte del paisaje urbano y es muy lenta su erradicación. Se han logrado avances, acá en Salto hace poco se entregaron viviendas a gente que vivía la vera de la ruta con todo lo que eso implicaba en cuanto a seguridad de los niños, por ejemplo. Pasar de un asentamiento a viviendas bien elaboradas es un gran avance. También hay que cuidar los equilibrios, se entiende, ya que no siempre es fácil ayudar a los pobres y contemplar al que se rompe el lomo para salir de su precariedad. Si se da todo hecho se quita el incentivo del esfuerzo lo que conspira contra el desarrollo íntegro y moral de una persona. Para qué esforzarme en por ejemplo una cooperativa, la búsqueda del terreno, mil sacrificios, mil beneficios, horas de autoayuda en la construcción para que a otros le den la llave en la mano. Gobernar también es contemplar a todos.
La pobreza también marca muchas cosas, esfuerzos de los gobiernos en atención, niños que hay que acompañar en sus diferentes etapas de crecimiento desde lo humano, social, desde la nutrición, ancianos a la deriva, precariedad laboral, desocupación, trabajo en negro. Mirado en términos económicos la pobreza puede ser un botín para los políticos que saben prometer y prometer pero es un muy mal negocio para las arcas del Estado. Un individuo que sale adelante por su esfuerzo, que se capacita y se tecnifica es el mejor negocio para todos.
Pero mirando en el contexto regional solo Argentina ha retrocedido desde la democracia para acá, el resto de los países, con gobiernos de todos los pelos, ha dado pasos hacia adelante. Es bien sabido el problema endémico de la corrupción argentina que hace que todos los gobiernos caigan cuando los investiga la Justicia. Haciendo una asociación de variables podríamos decir que la corrupción le cuesta más al pobre, es el que paga el pato de la boda cuando en un gobierno no se hacen las cosas bien. El que sufre más es el que está más abajo, que es el más dominable, podríamos decir.
Hay que mirarse también en el espejo de los uruguayos. El ingeniero agrónomo Tabaré Aguerre, ministro de Ganadería de Mujica y del segundo gobierno de Vázquez, dijo que el Uruguay le podría dar de comer a 34 millones de personas en tanto en el último censo salió que somos 3.4 millones, exactamente el diez por ciento. Por lo que no nos costaría casi nada asegurarle un plato de comida a todos los orientales más cuando crece la producción año a año.
La pobreza es entonces, mal que nos pese, una decisión política.