Carta del Lector /
La Costanera se cae a pedazos y la CTM mira para otro lado
Mientras el río Uruguay sigue arrancando metros de nuestra Costanera, quienes tienen la obligación de defender este patrimonio parecen conformarse con mirar el problema desde la comodidad de sus oficinas. La erosión avanza todos los días, las barrancas desaparecen y el riesgo aumenta, pero de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande no aparecen ni obras, ni soluciones, ni siquiera una explicación convincente.
Para agravar más la situación, se anuncian próximas crecientes que volverán a dejar al descubierto una realidad inocultable: la Costanera se está desmoronando y nadie hace nada. Hace años que los salteños escuchamos los mismos anuncios, los mismos estudios y las mismas promesas. Cambian los gobiernos, cambian los delegados, cambian los discursos, pero la única constante es la inacción.
Lo más indignante es que no estamos hablando de un organismo que le ahorra al país decenas de millones de dólares al país. Todo lo que se come el gobierno nacional, por medio de rentas generales. Allí van las ganancias de Salto Grande. La CTM administra millones de dólares. Dinero hay. Lo que falta, es voluntad, compromiso y capacidad de los delegados, para lograr esos recursos en obras que realmente mejoren la calidad de vida de la gente.
Lo que resulta difícil comprender que siempre haya fondos para contratar asesores, técnicos y cargos de confianza, mientras para defender la Costanera nunca alcanza el presupuesto. Esa contradicción alimenta la sospecha de que la prioridad no son las necesidades de Salto, sino seguir sosteniendo una estructura política que parece vivir de espaldas a los problemas reales de la ciudadanía.
La defensa costera no puede seguir esperando otro estudio, otro informe o una nueva promesa. Cada creciente se lleva un poco más de un paseo que es orgullo de todos los salteños. Cuando la erosión termine comprometiendo calles, infraestructura o espacios públicos, ya será demasiado tarde para discursos y conferencias de prensa.
Los actuales representantes uruguayos ante la CTM tienen la oportunidad de demostrar que no llegaron solamente para ocupar un cargo y cobrar un salario privilegiado. Deben impulsar, gestionar y ejecutar una obra definitiva de protección costera. Si no son capaces de hacerlo, pasarán a la historia exactamente igual que muchos de sus antecesores: como autoridades que administraron abundantes recursos sin dejar una sola obra trascendente para Salto.
La paciencia de la gente tiene un límite. Salto ha aportado demasiado a la historia de la represa como para seguir recibiendo migajas. La Costanera no necesita más excusas; necesita máquinas trabajando. Porque cada día de demora es otro pedazo de ciudad que el río se lleva ante la vergonzosa indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de impedirlo. Caminante