Centro Juvenil Ibirapitá /
Tres años construyendo oportunidades para adolescentes de contextos vulnerables
El Centro Juvenil Ibirapitá cumple tres años de funcionamiento en el barrio Nuevo Uruguay, consolidándose como un espacio de referencia para adolescentes y familias de una amplia zona de Salto. Gestionado por la Fundación Purificación mediante un convenio con INAU, el centro brinda una propuesta socioeducativa destinada a jóvenes de entre 12 y 17 años y 11 meses.
La iniciativa surgió de un proceso comunitario que comenzó años antes. La Fundación Purificación obtuvo su personería jurídica en 2016, aunque desde 2011 un grupo de personas ya trabajaba para atender las necesidades de niños, adolescentes y familias en situación de vulnerabilidad. Con el tiempo, aquel proyecto inicial fue tomando distintas formas hasta concretarse, hace tres años, en el Centro Juvenil Ibirapitá. Actualmente, el centro atiende a 40 adolescentes y recibe jóvenes provenientes de barrios como Nuevo Uruguay, Barrio Uruguay, Barrio Artigas, La Chacrita, Burton, La Tablada, Umpierre y otros sectores cercanos.
Educación, oficios y acompañamiento
La propuesta funciona de lunes a viernes, entre las 13:30 y las 17:30 horas, y combina formación, recreación, acompañamiento pedagógico y espacios de orientación personal y laboral. Uno de los principales componentes son los talleres de oficio, definidos a partir de los intereses de los propios adolescentes. Durante el año se desarrollan actividades vinculadas al cuidado personal, como estética de uñas, maquillaje social y artístico, peluquería y barbería. También funciona durante todo el año un taller de gastronomía. A esto se suma el apoyo pedagógico dos veces por semana, actividades recreativas y deportivas y propuestas vinculadas a los deportes adaptados. El equipo técnico también desarrolla espacios destinados a abordar preocupaciones emocionales, vocacionales y relacionadas con la futura inserción laboral. Uno de los objetivos es favorecer la construcción de un proyecto de vida. Para ello, el centro procura que los adolescentes reconozcan sus capacidades y descubran intereses que muchas veces permanecen ocultos detrás de situaciones de vulnerabilidad y baja autoestima.
Volver a estudiar y generar hábitos
La tarea del Ibirapitá no se limita a ofrecer actividades durante la tarde. Una de sus principales metas es contribuir a que adolescentes desvinculados del sistema educativo puedan regresar a la educación formal o incorporarse a ella cuando nunca lo hicieron. Según explicó la coordinadora Verónica Ocampo, aproximadamente la mitad de los jóvenes que concurren al centro no estudia ni trabaja. En ese contexto, contar con un espacio cercano, conocido y flexible puede convertirse en una oportunidad para recuperar hábitos, establecer vínculos y proyectar un futuro diferente. El centro busca ser, además, un lugar de protección. Allí los adolescentes son escuchados, acompañados y contenidos, mientras el equipo trabaja en coordinación con otras instituciones de la zona, como escuelas, liceos, policlínicas, organizaciones sociales y organismos vinculados a la protección de derechos.
Una red que también alcanza a las familias
El trabajo con los adolescentes se extiende a sus familias. El equipo mantiene un contacto cercano con los referentes familiares y procura comprender las dificultades particulares de cada hogar, evitando juzgar situaciones que muchas veces están atravesadas por múltiples problemas sociales y económicos. La atención también contempla situaciones de vulneración de derechos. Cuando se detectan casos que requieren intervención, el equipo articula con las instituciones correspondientes y acompaña los procesos necesarios. Otro aspecto fundamental es la alimentación. Los adolescentes reciben diariamente una merienda reforzada, elaborada con criterios nutricionales y, en buena medida, con alimentos preparados de forma casera. Cuando existen excedentes, también pueden llevarlos a sus hogares. El funcionamiento del centro cuenta con el respaldo de donaciones particulares, empresas, el Banco de Alimentos y otros actores de la comunidad salteña.
Un centro que ganó identidad en el barrio
Durante estos tres años, el Ibirapitá también construyó un fuerte sentido de pertenencia. La organización comenzó utilizando salones de una capilla cercana y posteriormente pasó a una estructura de contenedores donde actualmente funcionan los distintos espacios.Con el tiempo, los vecinos fueron incorporando el centro como parte del barrio. Incluso se conformó una comisión de apoyo integrada por familiares de los adolescentes y vecinos, fortaleciendo el vínculo comunitario. La demanda, continúa creciendo. Actualmente existe una lista de espera y la Fundación Purificación ha gestionado formalmente una ampliación de los cupos. El crecimiento habitacional de la zona, sumado a la llegada de nuevas familias, incrementa la necesidad de contar con más espacios de atención.
Tercer aniversario
Hoy viernes 7 de agosto, a las 16 horas, el Centro Juvenil Ibirapitá celebrará su tercer aniversario en su sede de Rocha y Colonia, en el barrio Nuevo Uruguay, junto a la capilla. La jornada será una verdadera fiesta de cumpleaños, con música, juegos, actividades recreativas, premios, propuestas deportivas y un espacio de fotografías. La celebración está pensada especialmente para los adolescentes y contará también con la participación de sus familias y vecinos. La actividad será abierta a toda la comunidad, no solo como instancia de festejo, sino también como oportunidad para conocer de cerca el trabajo que desarrolla el centro. Mientras el Ibirapitá mira hacia sus próximos años, sus responsables plantean nuevos desafíos, ampliar las instalaciones, aumentar los cupos y aprovechar recursos que han llegado a través de donaciones, como máquinas de coser destinadas a futuros talleres. Tres años después de su creación, el Centro Juvenil Ibirapitá se presenta como un espacio de escucha, aprendizaje, protección y oportunidades, construido desde el territorio y junto a una comunidad que, poco a poco, lo convirtió en una referencia.