El peón rural /
El gran olvidado del Uruguay productivo
- Por Dr. Gabriel Cartagena Sanguinetti. Abogado. Asp. Docente en Informática Jurídica I y II en Facultad de Derecho en Udelar. Socio de FIADI, integrante de EDI.
Uruguay suele sentirse orgulloso de su producción agropecuaria. Se destacan exportaciones, crecimiento del sector, innovación tecnológica y números económicos vinculados al campo. Sin embargo, detrás de ese discurso aparece una realidad mucho menos visible: la situación de miles de peones rurales que continúan siendo uno de los sectores más sacrificados y menos defendidos del país.
El peón rural sostiene jornadas extensas, enfrenta frío, calor, lluvias y largas distancias, muchas veces en condiciones que desde las ciudades ni siquiera se imaginan. Mientras el agro genera importantes ingresos para la economía nacional, todavía existen trabajadores rurales con dificultades de acceso a vivienda adecuada, salud, locomoción y estabilidad laboral.
En buena parte del interior profundo, especialmente al norte del Río Negro, el peón rural continúa siendo fundamental para mantener activa la producción y evitar el despoblamiento de la campaña. Sin embargo, la defensa de sus derechos rara vez ocupa el centro de la discusión pública. Se habla del campo, pero pocas veces se habla verdaderamente del trabajador del campo.
También existe una realidad que incomoda reconocer: el recambio generacional rural cada vez es más difícil. Muchos jóvenes ya no quieren permanecer en tareas rurales debido a salarios limitados, escasas oportunidades de crecimiento y condiciones de vida que continúan siendo desiguales frente al ámbito urbano. El riesgo es claro: sin trabajadores rurales dignificados, tampoco habrá futuro sostenible para buena parte de la producción nacional.
La modernización tecnológica del agro no puede transformarse únicamente en mayores exigencias para el trabajador sin mejoras reales en sus condiciones. Hoy el peón rural debe adaptarse a nuevas maquinarias, controles digitales y mayores responsabilidades, pero muchas veces sin la capacitación suficiente ni una mejora proporcional en ingresos y garantías laborales.
Uruguay necesita discutir seriamente políticas de protección y fortalecimiento del trabajador rural. No alcanza con discursos sobre la importancia del campo mientras quienes sostienen diariamente esa producción siguen siendo invisibilizados. Defender al peón rural no debería verse como una posición ideológica, sino como una cuestión básica de justicia social y equilibrio territorial.
El país productivo no puede construirse únicamente sobre cifras de exportación. También debe construirse sobre condiciones humanas dignas para quienes trabajan desde antes del amanecer y hacen posible que el Uruguay siga produciendo.
Porque detrás de cada establecimiento rural, detrás de cada cosecha y detrás de cada rodeo, existe una realidad que muchas veces el país urbano decide no mirar.