El teatro como ritual vivo /
Kalkañal presenta “La fiesta”, una experiencia que desafía al espectador
En un tiempo marcado por la velocidad, la sobreestimulación y la comunicación constante, el grupo teatral Kalkañal propone un gesto contracultural, detenerse. Hoy sábado, en su espacio ubicado en el Andén (19 de abril y Julio Delgado), dará inicio a una nueva etapa de “La fiesta”, una experiencia escénica que busca reconstruir el vínculo entre el artista y el espectador desde el silencio, el cuerpo y la sorpresa.
Pablo Sánchez, artista plástico e integrante del grupo, describe la propuesta como un “compartir escénico”, más que como una obra tradicional. “Nos interesa ese vínculo entre quien representa y quien vivencia. El hecho teatral ocurre en ese encuentro”, explica. La función comenzará a las 20:30 y, según adelanta, no se trata solo de asistir a un espectáculo, sino de participar de un ritual.
Treinta años de identidad colectiva
Calcañal no es un grupo improvisado. Con más de tres décadas de trayectoria, ha construido un lenguaje propio a partir de la experimentación, el debate interno y el paso de múltiples integrantes que dejaron su huella. “La identidad se construye en las diferencias, en los acuerdos y desacuerdos, en lo que se elige y lo que se descarta”.
A lo largo de su historia, el colectivo ha abordado temáticas diversas: el poder, la libertad, el espacio escénico, los objetos y, sobre todo, la comunicación humana. En “La fiesta”, esa búsqueda se profundiza al poner el foco en lo no verbal. “Nos detuvimos en lo que se dice sin palabras, en el silencio, en lo que nos pasa en este tiempo donde la comunicación ha cambiado tanto”.
El arte como acto de resistencia
Lejos de concebir el teatro como un producto cerrado o complaciente, Calcañal reivindica su carácter disruptivo. Para Sánchez, el arte y en particular el teatro “no es políticamente correcto”. En ese sentido, “La fiesta” se posiciona como una invitación a romper con lo establecido, a salir del “lugar de confort” y activar la creatividad del espectador.
“La sorpresa y el asombro son fundamentales. Cuando algo te descoloca, te obliga a reacomodarte, y ahí aparece lo creativo”. Esa activación no es exclusiva del actor: el público también es parte esencial del proceso. “El ritual se construye entre todos”.
La propuesta, además, cuestiona ciertas dinámicas contemporáneas, como la necesidad de aprobación constante en las redes sociales o la dificultad para comunicarse de manera genuina. Sin recurrir a discursos explícitos, la obra plantea interrogantes que resuenan en la experiencia personal de cada asistente.
El lenguaje del clown y la emoción sin filtros
Uno de los recursos elegidos para esta puesta es la técnica del clown, un lenguaje que, aunque asociado al humor, posee una profundidad emocional considerable. “El clown no es solo el payaso; es una técnica compleja que trabaja con la vulnerabilidad, el error y la autenticidad”.
En escena, dos personajes se encuentran y transitan una relación atravesada por gestos, silencios y situaciones que remiten a la vida cotidiana: vínculos que se descuidan, palabras que no se dicen, emociones que se suponen pero no se expresan. “A veces creemos que el otro ya sabe lo que sentimos y dejamos de decirlo. Eso genera conflictos”.
El clown, con su espíritu lúdico y despojado de prejuicios, permite abordar estos temas desde un lugar honesto. “Tiene algo del niño, de ese momento en que actuamos sin filtro. Recuperar ese estado es parte de la propuesta”.
Una experiencia que empieza antes y continúa después
La obra no comienza cuando se abre la puerta ni termina con el aplauso final. “Empieza cuando alguien decide venir y continúa en lo que se lleva después”, explica Sánchez. Por eso, al finalizar la función, se propone un espacio de intercambio donde el público puede compartir sus impresiones.
Este diálogo inmediato, “en caliente”, busca rescatar la vivencia emocional antes de que sea racionalizada. “Ahí aparece lo más genuino, lo que realmente pasó en el cuerpo”, sostiene.
Además, el grupo sugiere asistir acompañado, con alguien significativo, para enriquecer la experiencia y el posterior intercambio. “El arte también es un disparador para el encuentro”.
Un colectivo en movimiento
Actualmente, el núcleo del grupo está integrado por Pablo Sánchez y Daniel Pavelesky en actuación, con dirección de Néstor Chiriff e Ileana Mayer en el área gráfica. A ellos se suman colaboradores históricos y nuevos integrantes que mantienen al colectivo en constante transformación.
“Es algo vivo, orgánico. Las personas van y vienen, pero el proyecto sigue mutando”, describe Sánchez. Esa dinámica se refleja también en la escena: ninguna función es igual a otra, y cada presentación es, en sus palabras, “única e irrepetible”.
Con entradas disponibles en puerta o de forma anticipada a través de sus redes sociales.