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En una ciudad donde las necesidades sociales son tan visibles como cotidianas, un grupo de jóvenes decidió no mirar hacia otro lado. Así nació Humanibarrio, un colectivo solidario impulsado por Facundo Cáceres que busca mejorar los espacios públicos y fortalecer el compromiso comunitario en distintos barrios de Salto.

El nombre del proyecto surge de la unión de dos conceptos claros: “humanitario” y “barrio”. La síntesis no es casual. La propuesta apunta precisamente a eso, llevar acciones humanitarias al territorio más cercano, al entorno cotidiano donde se desarrollan los problemas y también las soluciones de la comunidad.

“Soy un integrante más”, aclara Cáceres cuando se le menciona como fundador. Insiste en que Humanibarrio no tiene jerarquías. Se trata de un colectivo horizontal en el que todos los voluntarios participan en igualdad de condiciones. “Instamos a que la gente se una. Somos jóvenes de cualquier edad”, explica, remarcando que el espíritu del proyecto es colectivo y abierto.

El origen, ver la realidad y decidir actuar

La iniciativa nació a partir de una experiencia concreta, observar las problemáticas del propio entorno. Cáceres vive en barrio Salto Nuevo y, como tantos vecinos, convive a diario con situaciones de pobreza, basura acumulada, plazas deterioradas y espacios públicos descuidados.

“Preocupaciones hay muchas”. La acumulación de residuos en calles y plazas, los contenedores rotos, el hambre y las carencias visibles en distintos puntos de la ciudad fueron el detonante para pasar de la queja a la acción.

Lejos de plantear grandes estructuras o discursos abstractos, Humanibarrio apuesta a lo tangible: comenzar con pequeños gestos que generen cambios reales. “Intentar cambiar con un granito de arena algo de lo que vemos en las calles”.

Las primeras acciones, limpiar para recuperar el espacio común

La primera actividad del grupo fue una jornada de limpieza en el barrio Don Atilio y en el complejo Bernasconi. Siete voluntarios participaron de la iniciativa, que se extendió por más de tres horas bajo altas temperaturas. La tarea fue sencilla en su planteo pero intensa en su ejecución: recorrer las zonas con bolsas de residuos, recolectar la basura acumulada fuera de los contenedores y dejar los espacios en mejores condiciones de las que estaban. “Imaginate si en vez de siete fuéramos cincuenta”. El crecimiento del grupo es una de las metas centrales, ya que permitiría ampliar el alcance y reducir el esfuerzo individual.

Pero la limpieza no es el único objetivo. El colectivo proyecta organizar ollas populares, campañas de abrigo en invierno y actividades recreativas en barrios donde habitualmente no llegan eventos o propuestas lúdicas. Llevar juegos inflables, compartir meriendas o generar instancias de encuentro vecinal también forman parte de los planes a futuro.

Autogestión y compromiso, la inversión invisible

Humanibarrio funciona sin fines de lucro. Nadie cobra un salario ni recibe compensación económica por participar. “Lo que ganamos es la satisfacción”. Sin embargo, las actividades tienen costos, bolsas de residuos, guantes, agua para los voluntarios, materiales para reparar mobiliario urbano. En algunos casos, incluso herramientas y chapas para arreglar contenedores dañados.

Un ejemplo claro se encuentra en la plaza de Salto Nuevo, donde varios botes de basura carecen de base. Aunque el servicio de recolección pase regularmente, los residuos caen al suelo por la falta de fondo en los recipientes. La solución técnica no es compleja una chapa soldada o atornillada pero requiere recursos mínimos que el grupo busca obtener mediante aportes voluntarios.

Para ello, Humanibarrio dispone de una cuenta bancaria destinada exclusivamente a sostener las actividades. No importa el monto, sino la posibilidad de que el proyecto se autosustente con el apoyo comunitario.

Además del dinero, los voluntarios invierten tiempo y esfuerzo físico. Muchos estudian o trabajan y destinan parte de su jornada a estas acciones. “Con 40 grados salimos a limpiar. Terminamos cansados, sudados, pero con la satisfacción de ver el cambio”.

Redes sociales y organización

El crecimiento del proyecto ha estado acompañado por una estrategia en redes sociales. Humanibarrio cuenta con presencia en Instagram, Facebook y TikTok, donde comparte imágenes y videos de las actividades realizadas.

A través de Instagram se accede a un grupo de WhatsApp que funciona como centro de coordinación. Allí se proponen lugares, se definen fechas, se organizan traslados y se distribuyen tareas. Actualmente, el grupo cuenta con 28 integrantes activos, aunque la primera actividad reunió a siete voluntarios.

El impacto digital también ha sido significativo, el perfil pasó de tener apenas una veintena de seguidores a superar los 150 en poco tiempo, impulsado por la difusión de los primeros videos.

Pero el verdadero impacto se percibe en el territorio. Durante la jornada de limpieza, vecinos de la zona se acercaron a preguntar quiénes eran y qué hacían. Tres personas se sumaron espontáneamente a colaborar.

“Ahí vemos que podemos despertar en el otro las ganas de cambiar el entorno”.

Más que limpiar, educar y generar conciencia

Uno de los cuestionamientos más frecuentes que reciben es la idea de que “limpiar no sirve porque al día siguiente se vuelve a ensuciar”. Frente a eso, Humanibarrio propone una mirada más profunda, el cambio también es cultural.

El proyecto busca generar conciencia ciudadana y promover valores de cuidado del espacio público. Cáceres, estudiante de formación docente en literatura, subraya la importancia de la educación cívica en este proceso. “No es solo responsabilidad de los padres; es un tema social y educativo”.

En ese sentido, no descartan a futuro realizar charlas en centros educativos para fomentar hábitos responsables desde edades tempranas. La limpieza física es apenas una parte del trabajo; la transformación cultural es el desafío de fondo.

Un pacto con los vecinos

Antes de intervenir en un barrio, algunos integrantes visitan previamente el lugar, conversan con vecinos y explican la propuesta. La metodología incluye establecer una suerte de “pacto” comunitario: acordar la fecha de la actividad, invitar a la participación y generar un marco de seguridad.

En zonas consideradas complejas, el diálogo previo resulta fundamental. “Queremos que todos estén tranquilos”. La idea es que el proyecto no sea una acción aislada, sino un trabajo conjunto entre voluntarios y residentes.

Juventud, fuerza y proyección

Humanibarrio es un proyecto reciente, pero avanza. La motivación inicial se fortaleció tras la primera experiencia y la repercusión obtenida. “Somos muy nuevos, pero con fuerza, con ganas y juventud”, afirma su impulsor. Las necesidades en la ciudad son numerosas, y el colectivo lo sabe. Sin embargo, lejos de paralizarse ante la magnitud del desafío, apuesta al crecimiento gradual y a la construcción de una red solidaria cada vez más amplia.

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