Héctor Amodio Perez /
Improvisación y señales preocupantes en la gestión del gobierno
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Por Pedro Rodríguez
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La mirada crítica de Héctor Amodio Pérez
En su espacio semanal en Radio Turística de Salto, Héctor Amodio Pérez, exintegrante del Movimiento de Participación Popular, volvió a dejar definiciones fuertes sobre la forma en que el actual gobierno está encarando la gestión del Estado. Lo hizo con su estilo directo, sin rodeos y apelando a ejemplos concretos de la vida cotidiana y de la política nacional. Desde el comienzo, Amodio planteó que lo que se está viendo no son hechos aislados, sino señales claras de improvisación y falta de previsión en áreas sensibles.
Un ejemplo cotidiano que refleja un problema mayor
Como punto de partida, relató una situación que observó en el departamento de Canelones: una cuadrilla trabajando en la reparación de una avería eléctrica tras un temporal. Según describió, había más personal del necesario, con funciones duplicadas, largas esperas y escasa eficiencia. Para Amodio, este tipo de escenas no son anecdóticas. Reflejan una forma de administrar recursos que se repite en distintos niveles del Estado y que termina pagando la ciudadanía.
El caso del ministro del Interior y una señal alarmante
Uno de los ejes centrales de su análisis fue el episodio protagonizado por el ministro del Interior, Carlos Negro, tras un accidente de tránsito. Para Amodio, lo grave no es solo el hecho en sí, sino lo que revela sobre la falta de protocolos y de cuidado institucional.
Cuestionó que el ministro circulara por Montevideo en su vehículo particular, sin custodia y con la licencia vencida. A su entender, no se trata de un comportamiento adecuado para quien tiene a su cargo la seguridad del país y la lucha contra el narcotráfico.
“El problema no es solo del ministro”, señaló, “sino de todo el sistema que lo rodea y que debería prevenir estas situaciones”.
Seguridad, custodia y contradicciones
Amodio puso sobre la mesa una contradicción que considera evidente: mientras se habla del poder del narcotráfico y de bandas organizadas, el principal responsable de combatirlas se mueve sin protección, como si no existiera ningún riesgo real.
Recordó que otros jerarcas del sistema judicial han sido víctimas de atentados, lo que refuerza la necesidad de extremar cuidados y no minimizar amenazas. Para él, o el peligro es real o no lo es, pero ambas cosas no pueden sostenerse al mismo tiempo.
Licencias, sanciones y doble vara
Otro punto crítico fue la licencia de conducir vencida. Amodio sostuvo que más allá del trámite administrativo, el mensaje que se transmite es negativo, especialmente cuando se compara con el trato que reciben ciudadanos comunes.
Fallas que van más allá de una persona
Para Amodio, lo ocurrido no es un error individual, sino una muestra de fallas estructurales. Señaló problemas similares en otros organismos del Estado, como la falta de conducción en instituciones clave y decisiones que se toman sin medir consecuencias.
También cuestionó cambios de rumbo en políticas públicas, como ocurrió con obras de infraestructura y la gestión de servicios básicos, donde primero se generan alarmas y luego se minimizan problemas que afectan directamente a la población.
Una advertencia que no busca aplausos
Lejos de buscar polémica, Amodio Pérez cerró su columna señalando que estas observaciones no responden a intereses partidarios, sino a una preocupación genuina por el funcionamiento del Estado.
A su entender, gobernar exige planificación, responsabilidad y coherencia. Cuando eso falla, los errores se acumulan y terminan golpeando siempre a los mismos: los ciudadanos.