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En el marco del Congreso Informático Internacional realizado en el Centro Universitario Regional Litoral Norte, la abogada Bárbara Woloszyn, especialista en inteligencia artificial aplicada al derecho, expuso una mirada tan prometedora como cautelosa sobre el avance de estas tecnologías en el ámbito jurídico. Su intervención dejó en claro que, si bien las herramientas digitales ofrecen oportunidades inéditas para la profesión, también abren interrogantes urgentes sobre la seguridad, la privacidad y la responsabilidad en el manejo de la información.

Woloszyn, quien llegó desde Buenos Aires invitada por referentes de la Red Iberoamericana de Derecho Informático, explicó que el sector legal está ingresando en una nueva etapa: la denominada “era agéntica”. Este concepto refiere a sistemas más complejos que el uso individual de plataformas como ChatGPT, donde múltiples inteligencias artificiales pueden interactuar entre sí bajo parámetros definidos por el usuario. “No es solo una herramienta aislada, sino una verdadera orquesta de inteligencias artificiales”.

El problema de la soberanía de los datos

Uno de los puntos centrales de su exposición fue la transformación en la gestión de la información. Tradicionalmente, los estudios jurídicos resguardaban documentos en formato físico, bajo control directo del profesional. Hoy, en cambio, la digitalización trasladó esos datos a servidores externos, muchas veces ubicados en distintos países. “Antes el abogado cerraba la puerta de su estudio con llave. Ahora, ¿quién tiene esa llave?”, planteó Woloszyn, poniendo el foco en la pérdida de control sobre información altamente sensible. Esta problemática no es menor: los datos de los clientes incluyen desde conflictos legales hasta detalles patrimoniales que, en manos equivocadas, pueden generar consecuencias graves.

La especialista relató casos concretos que evidencian esta vulnerabilidad. Uno de ellos involucró a un juez cuyas cuentas digitales fueron bloqueadas por un proveedor tecnológico al detectar material sensible vinculado a una causa judicial. El sistema automatizado interpretó erróneamente el contenido, lo que obligó al magistrado a justificar su trabajo. “Esto demuestra que las plataformas ven y analizan la información que manejamos”.

Ciberataques, fraudes y nuevas amenazas

El crecimiento de la inteligencia artificial también viene acompañado de un aumento en los riesgos digitales. Woloszyn destacó la proliferación de ciberataques, extorsiones y estafas, muchas de ellas potenciadas por sistemas automatizados capaces de detectar vulnerabilidades en redes y dispositivos. “El problema no es solo de los bancos o grandes empresas; hablamos de la información de un país o de cualquier ciudadano”. En este contexto, subrayó la importancia de desarrollar herramientas específicas para el ámbito jurídico que garanticen la protección de los datos y el cumplimiento del secreto profesional.

En esa línea, su equipo trabaja en una plataforma orientada a devolverle al abogado la gobernanza de la información de sus clientes. El proyecto, recientemente premiado en una competencia académica, busca establecer estándares de seguridad y promover su adopción en colegios profesionales.

La “letra chica” que nadie lee

Otro aspecto es el desconocimiento generalizado sobre las condiciones de uso de las plataformas digitales. “Aceptamos términos y condiciones sin saber a quién le estamos dando acceso a nuestros datos”. Esta práctica cotidiana, aparentemente inofensiva, puede implicar la cesión de información sensible a terceros sin plena conciencia. La situación se agrava con el uso masivo de herramientas digitales en la vida diaria, desde correos electrónicos hasta aplicaciones de mensajería. En muchos casos, los usuarios priorizan la comodidad por sobre la seguridad, lo que los vuelve más vulnerables a engaños como enlaces falsos o códigos maliciosos.

Deepfakes, desinformación y el rol de la sociedad

Más allá del ámbito estrictamente jurídico, Woloszyn advirtió sobre los efectos sociales de la inteligencia artificial, en particular el fenómeno de los deepfakes y la manipulación de contenidos. Estas tecnologías permiten crear imágenes, audios o videos falsos con apariencia real, facilitando estafas, extorsiones e incluso situaciones de pánico social. Frente a este escenario, consideró fundamental promover la educación digital y la concientización ciudadana. “No se trata de generar miedo, sino de estar alertas”, sostuvo. Explicó, muchas víctimas de fraudes digitales cuentan con conocimientos básicos, pero caen en engaños por distracción o desconocimiento puntual.

El límite de la automatización

El rol de los profesionales frente al avance de la inteligencia artificial. Si bien reconoció su utilidad como herramienta de consulta, advirtió sobre los riesgos de tomar sus respuestas como verdades absolutas. “Hoy muchas personas hacen una consulta previa a una inteligencia artificial antes de acudir a un abogado o a un médico”. Esta tendencia puede derivar en diagnósticos erróneos o interpretaciones legales incorrectas, ya que las respuestas automatizadas carecen del análisis contextual que aporta un profesional. Incluso mencionó casos preocupantes vinculados a la salud mental, donde interacciones con sistemas de IA derivaron en situaciones de riesgo para usuarios vulnerables. En este sentido, remarcó la necesidad de mantener el criterio humano como eje central en la toma de decisiones. “El equilibrio está en usar estas tecnologías de manera responsable”.

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