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La investidura presidencial no convierte a una persona en un ser perfecto. Los gobernantes pueden equivocarse, cometer errores e incluso adoptar decisiones desacertadas. Pero existe una diferencia enorme entre un error político y una conducta que, aun siendo legal, resulta éticamente inadmisible para quien está llamado a ocupar la máxima magistratura de la República. Y eso es precisamente lo que ocurre con la polémica compra de la camioneta por parte del presidente Yamandú Orsi.

LA HYUNDAI

Los hechos son contundentes y no admiten demasiadas interpretaciones. Ocho días antes de asumir la Presidencia, Orsi adquirió una camioneta Hyundai Santa Fe híbrida cero kilómetro por 54.000 dólares, cuando el valor de mercado rondaba los 79.000. La diferencia no es menor ni simbólica: estamos hablando de un beneficio cercano a los 25.000 dólares. Un descuento extraordinario que ningún ciudadano común obtiene y que inevitablemente despierta sospechas sobre las verdaderas razones de semejante privilegio.

Las explicaciones ensayadas hasta ahora son pobres, insuficientes y, sobre todo, ofensivas para la inteligencia de la ciudadanía. Se ha repetido hasta el cansancio que la compra se concretó antes de que Orsi asumiera formalmente la Presidencia y que, por lo tanto, no habría violación del código de ética pública. Pero aferrarse a ese tecnicismo jurídico es desconocer deliberadamente el fondo del asunto. Porque aquí no está en discusión únicamente la legalidad del acto, sino la ética de quien ya era presidente electo y sabía perfectamente que, en cuestión de días, representaría institucionalmente a todos los uruguayos.

Pretender que un presidente electo todavía es un simple particular resulta insostenible. Desde el momento mismo en que la ciudadanía lo eligió para conducir el país, Orsi dejó de ser un ciudadano cualquiera. Su conducta ya debía ajustarse a estándares de transparencia y prudencia muchísimo más elevados que los exigibles al resto de la población. Y aceptar un beneficio económico de semejante magnitud proveniente de un actor privado es incompatible con esos principios básicos de decoro republicano.

EL PRESIDENTE SE BENEFICIÓ

Más grave aún es la señal política que transmite este episodio. Mientras miles de uruguayos hacen esfuerzos enormes para llegar a fin de mes, mientras trabajadores y jubilados cuentan monedas para pagar tarifas, alquileres y alimentos, el presidente aparece beneficiándose de una ventaja comercial extraordinaria que jamás estaría al alcance del ciudadano promedio. La indignación social no nace únicamente por el monto del descuento, sino por la sensación de privilegio y cercanía con determinados intereses empresariales.

En política, las formas importan tanto como los hechos. Y un gobernante serio debería ser el primero en evitar cualquier situación que genere dudas o erosione la confianza pública. La ética republicana no consiste solamente en cumplir la ley; implica también actuar con una prudencia extrema para no comprometer la credibilidad institucional. Porque cuando un presidente recibe beneficios excepcionales, aunque técnicamente no exista delito, la sospecha queda instalada y el daño a la confianza ciudadana ya está hecho.

LA ÉTICA PÚBLICA

Tampoco ayuda el contexto en el que ocurrió todo. La utilización de vehículos de la misma marca durante los actos de asunción presidencial profundizó inevitablemente la percepción de una relación demasiado cercana entre el poder político y determinados intereses privados. Quizás no haya existido una contraprestación concreta. Quizás todo haya sido “legal”. Pero la ética pública exige algo más elevado que la mera ausencia de ilegalidad.

La ciudadanía espera de sus gobernantes ejemplaridad, austeridad y transparencia absoluta. Quien asume la Presidencia debe entender que no puede aceptar ventajas excepcionales que ningún uruguayo común obtendría. Porque el problema no es solamente cuánto costó la camioneta. El verdadero problema es cuánto le cuesta a la democracia cada vez que sus líderes parecen convencidos de que la ética puede reducirse a una simple cuestión de fechas y tecnicismos.

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