Óscar Padrón Favre /
Reivindica a Rivera y propone una mirada más amplia sobre el artiguismo y la historia del interior
El historiador y escritor Óscar Padrón Favre llegó a Salto para participar de las actividades por los 170 años de la Escuela Filantrópica Hiram, institución que destacó como una muestra de la riqueza histórica y comunitaria del interior del país. En ese marco, presentó su último libro, Rivera, el artiguismo posible, una obra de más de 650 páginas que ya transita su cuarta edición y que, según explicó, busca revisar la figura de Fructuoso Rivera desde una perspectiva histórica alejada de simplificaciones políticas.
En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, Oscar explicó que el título del libro resume una de sus principales tesis, Rivera no debe ser entendido simplemente como la contracara o el adversario de José Gervasio Artigas, sino como un posible continuador de su pensamiento en circunstancias históricas diferentes.
El investigador sostuvo que la historia suele convertirse en un instrumento de disputa política cuando se la reduce a determinados relatos. “Cuando la historia se vuelve mitología”, puede resultar más atractiva para el combate ideológico, pero pierde la complejidad que surge de estudiar documentos, contextos y trayectorias completas.
Rivera, una figura decisiva en la historia nacional
Padrón definió a Rivera como una de las figuras con la trayectoria política y militar más extensa e intensa de la historia uruguaya y del Río de la Plata. Recordó que inició su carrera revolucionaria en 1811 y permaneció vinculado a los acontecimientos políticos y militares hasta su muerte, en 1854.
Para el historiador, Rivera tuvo una capacidad excepcional para incidir en el rumbo de los acontecimientos. Por esa razón lo calificó como un “Alejandro Criollo”, en referencia a Alejandro Magno y su capacidad para resolver situaciones decisivas.
Su interpretación también cuestiona la imagen tradicional de Rivera como traidor de Artigas. Padrón Favre recordó su participación en las luchas contra las fuerzas portuguesas y sostuvo que, en determinados momentos, los acuerdos de Rivera respondieron a una situación militar que hacía prácticamente imposible continuar la guerra.
Explicó comprender esas decisiones exige considerar el contexto de derrotas, invasiones y cambios políticos que atravesó la región. Para el investigador, juzgar aquellos episodios desde categorías actuales o desde una lectura exclusivamente política conduce a conclusiones demasiado simplificadas.
Una revisión del papel de Rivera frente a los pueblos indígenas
Otro de los puntos de la investigación de Padrón Favre es la relación entre Rivera y los pueblos indígenas. El historiador cuestionó la imagen que lo presenta exclusivamente como “el matador de indios” y sostuvo que el proceso de desaparición de las tolderías charrúas fue mucho más extenso y complejo.
Sin desconocer la violencia ejercida durante ese período, planteó que el fenómeno debe analizarse dentro de las características del Uruguay de comienzos del siglo XIX, cuando las instituciones estatales todavía estaban en formación y las fronteras políticas y sociales eran inestables.
En la oportunidad destacó, la relación de Rivera con los indígenas de las antiguas misiones jesuíticas. Recordó que, tras la creación del Estado Oriental, Rivera ingresó al territorio acompañado por miles de indígenas misioneros y promovió la fundación de poblaciones como Bella Unión.
El investigador sostiene que estos grupos tuvieron una participación fundamental en la formación social, económica y cultural del norte uruguayo. Su influencia, afirmó, puede rastrearse en la toponimia, las tradiciones rurales, los oficios y diversas expresiones culturales.
La “patria misionera” que quedó fuera del relato nacional
Uno de los conceptos que se destacó fue “patria misionera” anterior a la consolidación de la tradicional identidad gaucha. Padrón explicó que las poblaciones guaraníes vinculadas a las misiones jesuíticas tuvieron una presencia mucho mayor de la que habitualmente reflejan los relatos históricos.
Como ejemplo, mencionó a Yapeyú, que llegó a tener una población muy superior a la de Montevideo durante el período colonial. Desde allí, se produjo un importante movimiento de población indígena hacia el actual territorio uruguayo.
El historiador también destacó los conocimientos y oficios desarrollados por los indígenas de las misiones, cuya mano de obra fue utilizada en distintas construcciones y actividades. A su juicio, esa herencia cultural todavía permanece, aunque muchas veces no sea reconocida explícitamente.
Contra el centralismo histórico
La reflexión sobre Rivera llevó a Padrón cuestionar lo que considera una mirada excesivamente centralista de la historia uruguaya. Sostuvo que buena parte de los relatos nacionales fueron construidos desde Montevideo y terminaron privilegiando una perspectiva “portuaria” que dejó en segundo plano las experiencias del interior.
Para enfrentar esa situación, recordó el trabajo desarrollado desde hace más de una década por el movimiento Geohistoria, integrado por investigadores de diferentes departamentos. La iniciativa busca promover estudios sobre localidades, regiones y comunidades del interior y ya ha reunido a cientos de participantes y publicado varios volúmenes.
Padrón reivindicó la necesidad de recuperar las historias locales como parte esencial de la historia nacional. Para el investigador, conocer el pasado de Salto, Paysandú, Artigas, Durazno y otras regiones permite comprender mejor la construcción del Uruguay.
Salto, una pieza estratégica
El historiador también ubicó a Salto dentro de la estrategia geopolítica de los primeros años del Estado uruguayo. Rivera consideraba a la ciudad parte de una suerte de línea defensiva junto con Tacuarembó, Melo y San Servando del Yaguarón, destinada a contener posibles avances brasileños.
Como síntesis de esa preocupación, Padrón Favre recordó una frase atribuida a Rivera en una carta de 1829: “El Estado Oriental existe, pero su cuna es como la de Hércules, rodeado de dos serpientes”.
La conferencia en Salto se presentó así como una oportunidad para profundizar en una figura histórica polémica y, al mismo tiempo, abrir una discusión más amplia sobre cómo se construyó el relato de la nación. Con Rivera, el artiguismo posible, Padrón propone mirar al caudillo desde la totalidad de su trayectoria y recuperar, junto con ella, el protagonismo de los pueblos y territorios del interior.