Salto Grande enfrenta una “ola” de 20.000 m³ /
s /Las maniobras en la represa apuntan a contener al río en 12 metros
Salto Grande vuelve a estar en el centro de una carrera contra el agua. El extraordinario aporte proveniente de la cuenca alta y media del río Uruguay coloca al embalse ante una nueva situación de creciente, con caudales que alcanzan los 20.000 metros cúbicos por segundo y que obligan a extremar las maniobras para evitar que toda esa masa de agua se traslade de inmediato hacia Salto y Concordia.
El presidente de la delegación uruguaya ante la Comisión Técnico Mixta (CTM) de Salto Grande, ingeniero Gonzalo Casaravilla, explicó que precisamente una de las principales ventajas de contar con la represa, es la posibilidad de administrar la llegada de la creciente y amortiguar su impacto sobre Salto y Concordia. La estrategia comenzó a aplicarse desde días pasados. Salto Grande dejó pasar más agua de la que hubiera sido conveniente desde el punto de vista estrictamente energético, con el objetivo de generar espacio en el embalse antes de que llegara el mayor volumen de la creciente. Ese margen, aunque limitado, resulta ahora decisivo. Frente a un aporte del entorno de los 20.000 metros cúbicos por segundo, la represa procura mantener la erogación en aproximadamente 16.000 metros cúbicos por segundo o algo más. La diferencia representa miles de metros cúbicos de agua que, temporalmente, pueden ser retenidos y administrados. El resultado esperado es que la cota frente a Salto se mantenga por debajo de los 11 metros, evitando alcanzar los niveles que comienzan a generar una afectación mayor sobre la población ribereña.
El fantasma de los 12 metros
Casaravilla fue claro al señalar que existe un nivel que concentra especialmente la atención de los responsables de la operación: los 12 metros de cota. Hasta ese nivel, explicó, en principio no debería registrarse afectación directa de personas. Por encima de esa referencia comienza otro escenario, con mayores riesgos y mayores dificultades para las familias ubicadas en las zonas más bajas. La experiencia demuestra la dimensión del desafío. Antes de la construcción de Salto Grande, la creciente de 1959 llevó el río a una situación histórica, con un caudal de aproximadamente 37.000 metros cúbicos por segundo. Desde entonces, otros episodios importantes —2009, 2015, 2023 y la creciente del año pasado, cuando el río llegó a 12,50 metros— fueron poniendo a prueba los mecanismos de regulación y respuesta. Hoy la diferencia está en que existe una infraestructura que permite ganar tiempo, administrar el caudal y anticipar escenarios.
Una batalla que también se libra contra el reloj
La operación de Salto Grande no consiste solamente en decidir cuánta agua liberar. También se analiza cuándo hacerlo para evitar que una suba importante de la cota se produzca durante la noche y complique eventuales evacuaciones. Casaravilla destacó que la previsión se convirtió en una herramienta fundamental. La CTM dispone de meteorólogos, hidrólogos y especialistas que monitorean permanentemente los aportes de la cuenca y elaboran pronósticos que permiten anticipar el comportamiento del río. La información sobre la cota se actualiza en tiempo real y los pronósticos son difundidos diariamente, procurando que las autoridades y la población puedan conocer con anticipación qué puede ocurrir. A esto se suma la coordinación permanente con el Sistema Nacional de Emergencias, los organismos departamentales y las autoridades argentinas.
El Niño mantiene encendida la alerta
El escenario futuro tampoco permite bajar la guardia. Casaravilla confirmó que los pronósticos de Salto Grande coinciden con las previsiones de INUMET y de organismos argentinos respecto a la presencia de El Niño, fenómeno que obliga a mantener especial atención sobre la evolución de las precipitaciones y los aportes a la cuenca. Los protocolos de actuación se encuentran vigentes y son revisados permanentemente. Pero el ingeniero dejó una advertencia tan simple como contundente: la represa puede gestionar parte de la creciente, pero no puede controlar la naturaleza. Cuando llega demasiada agua, el margen de maniobra se reduce. Por eso, en estas horas, Salto Grande no solamente administra agua: administra tiempo. Cada metro cúbico que puede ser retenido, cada hora que permite postergar una suba y cada pronóstico que anticipa el comportamiento del río pueden marcar la diferencia para quienes viven junto al Uruguay. La prioridad, como resumió Casaravilla, es reducir todo lo posible el sufrimiento aguas abajo. Y mientras el río continúa recibiendo aportes extraordinarios, la mirada permanece fija en una cifra que concentra todas las preocupaciones: 12 metros.