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Los astronautas de la misión espacial Artemis II lograron atravesar el lado oculto de la Luna y establecer nuevamente comunicaciones con la Tierra, marcando un nuevo capítulo en la exploración espacial tripulada. El cruce de la cápsula Orión por la cara invisible desde nuestro planeta, seguido del inicio de la trayectoria de retorno, fue reportado confirmado por la NASA, cuando la nave se encontraba a 406.771 kilómetros de distancia, la mayor alcanzada por una misión tripulada.

La astronauta Christina Koch transmitió tranquilidad y entusiasmo al reanudar el contacto: “Es un gusto volver a estar en comunicación con ustedes. Estamos de camino en regreso a la Tierra”. El paso por la cara oculta de la Luna representó uno de los momentos de máxima tensión de la misión. Durante 40 minutos, la nave perdió toda comunicación con el centro de control en Houston, ya que la propia masa lunar bloqueó la transmisión de señales de radio.

Esta situación no fue imprevista: formó parte de la planificación de la NASA, que recordó cómo las misiones Apolo enfrentaron condiciones similares en la década de 1970. Antes de Artemis II, solo 21 astronautas habían experimentado este “silencio absoluto” durante el sobrevuelo del hemisferio lejano.

El lado oculto de la Luna difiere marcadamente de la región visible desde la Tierra. Su superficie, más montañosa y plagada de cráteres, contiene menos planicies volcánicas y resulta mucho más seca. Estas características, explicadas por la NASA en una serie de comunicados, convierten al hemisferio oculto en un laboratorio natural esencial para entender la evolución del satélite y el origen del Sistema Solar.


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