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El Gobierno de Estados Unidos devolvió a Rodrigo Paz una reliquia familiar que había sido obsequiada por su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), a George H.W. Bush en mayo de 1990: un crucifijo de filigrana en oro. Ese año, Estados Unidos impulsó una estrategia regional de lucha contra el narcotráfico para la que se realizó una cumbre en Cartagena de Indias en la que participaron tres países productores de hoja de coca —Colombia, Perú y Bolivia— y a la que le siguió una visita del entonces presidente boliviano a su homólogo estadounidense en Washington.

“Bush no quería recibir el crucifijo. Me dijo que no podía aceptarlo por el valor simbólico que tenía, pero yo insistí y al final accedió”, contó Paz Zamora, años después, al portal de noticias Brújula Digital. “Pero con una condición: si uno de mis hijos era elegido presidente, entonces el crucifijo volvía a Bolivia”, explicó.

Días después, Bush padre envió una nota manuscrita al entonces presidente boliviano prometiéndole que conservaría la reliquia “en un lugar muy especial de honor” en su biblioteca y con instrucciones “para que le sea devuelta cuando uno de sus chicos obtenga la presidencia”, en referencia a los dos hijos que tenía entonces Paz Zamora: Rodrigo y Jaime.

La condición se cumplió este fin de semana cuando el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, entregó a Paz la joya familiar que permaneció resguardada en la biblioteca del expresidente durante más de 35 años.

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