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Estados Unidos está impulsando a Venezuela como una pieza central de su estrategia para ampliar la oferta energética del hemisferio occidental y reducir el peso de Medio Oriente en los mercados mundiales, una política que incluye no solo el petróleo venezolano, sino también el carbón y la reconstrucción de su infraestructura eléctrica. El planteamiento fue expuesto este lunes por el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, durante las reuniones de Energía del G20 en Houston, Texas.

Burgum sostuvo que el desplazamiento de la actividad energética hacia América responde a los riesgos que enfrenta el suministro procedente de Medio Oriente. Washington busca incorporar los recursos venezolanos a una estructura de abastecimiento capaz de responder a futuras interrupciones en otras regiones productoras.

“Ante todas las dudas sobre posibles interrupciones del suministro en esa región, ese centro se está trasladando al hemisferio occidental”, afirmó Burgum. Venezuela no integra el G20, pero fue invitada por el Gobierno de Donald Trump a participar en las actividades vinculadas con la agenda energética. La delegación estará encabezada por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y participará en encuentros bilaterales, reuniones con empresas y actividades organizadas al margen de las sesiones ministeriales oficiales.

El interés estadounidense también alcanza a un recurso que durante años tuvo un papel secundario dentro de la economía venezolana: el carbón. Burgum afirmó que Washington contempla la posibilidad de incorporar las exportaciones de carbón venezolano a futuros acuerdos energéticos y señaló que ese mineral también podría ser utilizado dentro del propio país para producir electricidad.

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