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La negociación diplomática entre Estados Unidos e Irán se encuentra acechada por profundas diferencias respecto al programa nuclear y al destino final de 6.000 millones de dólares del régimen chiíta que están congelados en Qatar. Donald Trump exige desmantelar el plan atómico de los ayatollahs para evitar que detenten un arsenal nuclear, y pretende que los fondos a descongelar sólo se utilicen para comprar bienes de Estados Unidos.

 

En este contexto, el presidente republicano quiere que inspectores de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) ingresen a Irán para determinar con precisión cuantas toneladas de uranio enriquecido esconden bajo la montaña. La teocracia chiíta replicó que no permitirán que ingresen los técnicos de la OEIA, un organismo técnico que depende de la ONU y dirige Rafael Grossi.

La Guardia Revolucionaria y Mojtaba Khamenei -líder religioso de Irán- no tienen intenciones de revelar cuánto uranio tienen, adónde está y qué grado de enriquecimiento han alcanzado. “No hay prisa, pero estarán sobre el terreno en el momento oportuno”, contestó Trump cuando le preguntaron sobre la llegada de los inspectores de la OEIA a Irán. “No hemos tenido ninguna reunión con el director general del OIEA (por Rafael Grossi), ni tenemos previsto que el organismo inspeccione las instalaciones nucleares iraníes ,afirmó Esmail Baqaei, portavoz de la Cancillería de Irán. Si no hay un acuerdo mínimo sobre la llegada de los técnicos de la OEIA a las plantas y depósitos nucleares iraníes, más lejos estaría la posibilidad que Khamenei y la Guardia Revolucionaria acepten entregar a Estados Unidos sus reservas de uranio y su tecnología para construir la bomba atómica.

 

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