9 de enero /
Puig y Estrázulas, un gesto poético del destino
Un día como el de ayer, 9 de enero, une de manera casi simbólica, a dos nombres fundamentales de la literatura uruguaya: Enrique Estrázulas y Salvador Puig. Nacidos el mismo día, aunque en contextos y recorridos distintos, ambos poetas dejaron una huella profunda en la palabra escrita, en la sensibilidad cultural del país y en una forma de entender la poesía como compromiso con la vida, con el lenguaje y con la memoria colectiva. Recordarlos juntos no es un mero dato biográfico: es una invitación a pensar la literatura uruguaya desde sus matices, tensiones y riquezas.
Enrique Estrázulas: la palabra como resistencia y búsqueda
Enrique Estrázulas (Montevideo, 1942 – 2016) fue una figura singular dentro del panorama literario uruguayo. Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo, su obra se caracterizó por una constante experimentación formal y por una mirada crítica sobre la realidad social y política. Estrázulas perteneció a una generación marcada por los cambios profundos del siglo XX, y esa marca se percibe claramente en su escritura.
Su poesía no fue nunca complaciente. Por el contrario, se movió en terrenos de incomodidad, de quiebre, de interrogación permanente. El lenguaje, en Estrázulas, es una herramienta que se tensa, que se fragmenta, que busca decir incluso aquello que parece indecible. Sus textos dialogan con la angustia existencial, con la violencia histórica y con la fragilidad del ser humano frente a un mundo que muchas veces se presenta hostil.
Pero su obra no se limitó a la poesía. En narrativa, Estrázulas supo construir relatos de gran densidad psicológica y simbólica (Recuérdese, por ejemplo, la novela “Pepe Corvina”), mientras que en el teatro exploró conflictos humanos profundos, muchas veces atravesados por dilemas éticos y políticos. Durante los años de la dictadura, su compromiso intelectual se expresó tanto en su escritura como en su postura personal, convirtiendo su obra en un espacio de resistencia cultural.
Estrázulas fue también un pensador de la literatura. Reflexionó sobre el rol del escritor, sobre el sentido de la creación artística y sobre la responsabilidad de la palabra en contextos de crisis. Su legado no es solo el de una obra extensa y diversa, sino el de una actitud frente a la escritura: escribir como acto de conciencia, como ejercicio de libertad.
Salvador Puig: la poesía de la intimidad y el asombro
Salvador Puig (Montevideo, 1939 – 2009) recorrió un camino distinto, aunque no menos profundo. Su poesía se caracteriza por una voz íntima, reflexiva, atenta a los pequeños gestos de la vida cotidiana y a los grandes interrogantes del existir. Puig supo construir una obra donde la sencillez aparente del lenguaje esconde una gran densidad emocional y filosófica.
Lejos del estruendo, su poesía avanza en susurros. El amor, el paso del tiempo, la memoria, la muerte y la naturaleza son temas recurrentes en su obra, abordados con una sensibilidad que invita al lector a detenerse, a contemplar, a escuchar el silencio entre las palabras. Puig creía en una poesía que no necesitaba alzar la voz para ser profunda.
Además de poeta, Salvador Puig fue un activo promotor cultural. Participó en talleres literarios, encuentros de escritores y espacios de formación, dejando una marca indeleble en generaciones más jóvenes. Su relación con la palabra estuvo siempre atravesada por la generosidad: compartir, enseñar, acompañar procesos creativos fue parte esencial de su legado.
En Puig, la poesía se convierte en una forma de habitar el mundo con atención y respeto. Sus versos no buscan imponerse, sino dialogar. Hay en ellos una ética del cuidado, una mirada amorosa hacia lo humano, incluso en sus contradicciones y fragilidades.
Dos caminos, una misma pasión
Aunque Enrique Estrázulas y Salvador Puig transitaron sendas estéticas diferentes, los une una misma pasión por la palabra y una profunda honestidad intelectual. Ambos entendieron la poesía no como un adorno, sino como una necesidad vital. En uno, la palabra se vuelve filo y ruptura; en el otro, refugio y revelación. Pero en ambos casos, la escritura es una forma de estar en el mundo.
Compartir la fecha de nacimiento, un 9 de enero, parece un gesto poético del destino. Dos poetas que, desde lugares distintos, contribuyeron a enriquecer el mapa literario del Uruguay. Estrázulas, con su escritura inquieta y desafiante; Puig, con su voz serena y contemplativa. Dos modos de decir, dos maneras de sentir, que dialogan en la diversidad.
La vigencia de sus obras
Hoy, releer a Estrázulas y a Puig es un ejercicio necesario. En tiempos de velocidad y superficialidad, sus textos invitan a la pausa, a la reflexión y a la profundidad. Estrázulas interpela desde la tensión y la crítica; Puig acompaña desde la cercanía y la emoción. Ambos ofrecen herramientas para pensar el presente y para comprender mejor nuestra propia humanidad.
La literatura uruguaya se construye a partir de estas voces que no siempre ocuparon los grandes titulares, pero que sostienen, como pilares silenciosos, la riqueza cultural del país. Celebrar sus nacimientos es, en definitiva, celebrar la poesía como espacio de libertad, de encuentro y de memoria.
Un 9 de enero nacieron Enrique Estrázulas y Salvador Puig. Dos poetas, dos universos, una misma convicción: que la palabra, cuando es verdadera, puede iluminar incluso los rincones más oscuros de la existencia.