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Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una jornada destinada a visibilizar una enfermedad que afecta progresivamente la memoria, el pensamiento y la autonomía de millones de personas. La fecha fue proclamada por la Organización Mundial de la Salud.

Las proyecciones sobre el avance de la enfermedad reflejan la magnitud del desafío. Se estima que para 2050 el número de personas que viven con Alzheimer podría alcanzar los 131,5 millones, convirtiéndolo en uno de los grandes retos sanitarios y sociales de las próximas décadas.

Deterioro progresivo y dependencia

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que provoca un deterioro progresivo de las células nerviosas del cerebro. Entre sus manifestaciones se encuentran dificultades en el lenguaje, pérdida de orientación, problemas de memoria y complicaciones para resolver situaciones sencillas de la vida cotidiana.

Actualmente no existe una cura. Los tratamientos disponibles pueden ayudar a controlar determinados síntomas y contribuir a mejorar la calidad de vida, especialmente durante las primeras etapas. A medida que la enfermedad avanza, las personas pueden necesitar asistencia para actividades como vestirse, asearse y alimentarse, hasta requerir cuidados permanentes.

El impacto más allá del paciente

El Alzheimer no afecta únicamente a quien recibe el diagnóstico. También representa un desafío emocional, físico y económico para familiares y cuidadores, que acompañan un proceso de dependencia creciente y el deterioro progresivo de un ser querido.

Hábitos y prevención

La edad y la genética son factores de riesgo que no pueden modificarse. Sin embargo, existen aspectos relacionados con el estilo de vida que pueden contribuir a mantener una buena salud cerebral.

Entre las recomendaciones se encuentran reducir el consumo de grasas saturadas, priorizar frutas, verduras y legumbres, incorporar alimentos con vitaminas E y B12 y mantenerse físicamente activo. También se aconseja evitar suplementos de hierro o cobre sin indicación médica y consultar a profesionales de la salud ante cualquier preocupación.

Estas medidas no garantizan prevenir el Alzheimer, pero forman parte de hábitos saludables que pueden favorecer el bienestar general y contribuir a reducir algunos factores de riesgo.

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