Identidad construida entre Uruguay y Brasil /
Andrea Barrios, una vida entre dos orillas y dos lenguas
Escritora, traductora y profesora de idiomas, Andrea Barrios lleva una vida marcada por dos países, dos culturas y dos lenguas que conviven de manera natural en su universo personal y literario. Uruguaya por sus padres, pero nacida en Porto Alegre, Brasil, se define como una mujer “binacional” o, incluso, “cisplatina”, en referencia a esa identidad que transita permanentemente entre ambas orillas.
Aunque nació en Brasil, en su hogar siempre se habló español. Esa tradición continúa con sus hijos, también nacidos en territorio brasileño, con quienes mantiene el español como lengua cotidiana. Su vida se desarrolla, así, entre el portugués y el español, entre Brasil y Uruguay, y esa dualidad también se refleja en su escritura.
“Vivo en los dos mundos, el uruguayo, el brasilero, entre el español y el portugués, y así también es mi literatura”, explicó en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, donde llegó para acompañar al escritor Mario Delgado Aparaín en el marco de la Feria del Libro.
Historias que nacen en el idioma de la inspiración
Para Barrios, la elección del idioma en el que escribe no es una decisión racional. Las ideas aparecen directamente en español o en portugués y es en esa lengua original donde comienza a desarrollarse la historia.
La autora cuenta con dos novelas, Albertina Belmonte y Medianoche en la mirada, publicadas en portugués. Ambas fueron escritas originalmente en español y posteriormente traducidas por la propia autora, un proceso que considera especialmente desafiante.
La autotraducción, es diferente de cualquier otra traducción porque supone volver sobre un texto propio y recrearlo en otra lengua. Sus novelas fueron publicadas en Brasil y, en el caso de Albertina Belmonte, también en Portugal. Sin embargo, todavía permanece pendiente una publicación en español.
Ese hecho tiene para Barrios un significado especial, ya que ambas historias mantienen un fuerte vínculo con Uruguay. Albertina Belmonte recorre distintos períodos históricos y tiene como uno de sus escenarios principales Montevideo, mientras que Medianoche en la mirada se centra en un músico de jazz de las décadas de 1940 y 1950, también vinculado a la capital uruguaya.
Publicar sus novelas en Uruguay representa, mucho más que un objetivo editorial. Es también una forma de regresar a sus raíces.
Del recuerdo familiar a la ficción
En Medianoche en la mirada, la ficción se alimenta de una historia familiar. El protagonista está inspirado parcialmente en su abuelo paterno, un músico que integró una banda de jazz y que llegó a tocar con la orquesta de Pérez Prado.
Barrios convivió con su abuelo hasta los 29 años, pero recién años después descubrió la dimensión de su trayectoria artística. Conserva grabaciones de las actuaciones de la banda y pudo reconstruir parte de su recorrido profesional, los artistas con los que compartió escenarios y los programas radiales en los que participó.
La escritora decidió transformar esos elementos reales en ficción. Creó un personaje que se apartara de su abuelo para disponer de libertad creativa y contar una historia propia.
Ese proceso, le permitió establecer una relación particular con sus personajes. En ocasiones, la historia avanza con tanta fuerza que tiene la sensación de que son ellos quienes toman las riendas de la narración.
Escribir también es reescribir
Para Barrios, el trabajo literario está lejos de limitarse al momento de poner palabras sobre el papel. “Escribir implica mucho reescribir”. Revisar, cortar, agregar, leer nuevamente y modificar son parte esencial de la construcción de una obra.
La escritora suele comenzar sus textos a mano y lleva consigo un pequeño cuaderno donde registra ideas, frases o palabras que aparecen en cualquier momento. La literatura, dice, ocupa todos los espacios posibles de su vida cotidiana.
Pero también entiende que una vez publicado, un libro deja de pertenecer exclusivamente a quien lo escribió. Cada lector puede encontrar nuevos sentidos y construir una interpretación diferente.
Esa posibilidad es, una de las grandes riquezas de la literatura, una misma obra puede convertirse en muchos libros distintos según quién la lea y desde qué momento de su vida lo haga.
La traducción como otra forma de creación
Además de escribir, Barrios encuentra en la traducción literaria otra forma de relacionarse con las palabras. Traducir, sostiene, implica también una reescritura, porque no se trata únicamente de trasladar términos de un idioma a otro, sino de preservar intenciones, matices y juegos lingüísticos.
Una de sus experiencias más significativas fue traducir al portugués No robarás las botas de los muertos, de Mario Delgado Aparaín. El trabajo implicó resolver expresiones y juegos de palabras que no tenían un equivalente directo en portugués.
La experiencia derivó en una nueva colaboración, Barrios se convirtió en co-guionista de la adaptación cinematográfica de la novela. El proceso creativo compartido con Delgado Aparaín fue, especialmente enriquecedor. Trabajaron tanto presencialmente como a distancia, aprovechando las herramientas digitales, y en determinados momentos ambos participaron simultáneamente en la creación de escenas.
La literatura como oxígeno
La relación de Barrios con los libros comenzó durante su infancia. Su madre fomentó desde temprano el hábito de la lectura y la escritora recuerda especialmente el placer que experimentó al leer, alrededor de los ocho o nueve años, un libro infantil.
Además, creció rodeada de arte. Su padre y sus dos abuelos fueron músicos de orquesta sinfónica, por lo que desde niña estuvo vinculada a conciertos, teatro y exposiciones.
Hoy define la literatura como “el aire” que respira. Incluso cuando no está escribiendo, está pensando en un texto, leyendo o tomando notas para un proyecto futuro. Actualmente trabaja en una nueva historia que todavía no sabe si se convertirá en un conjunto de cuentos o en una novela.
Su deseo es que, al jubilarse, pueda dedicarse exclusivamente a la literatura.
Mensaje para las nuevas generaciones
Barrios dejó un consejo especialmente dirigido a niños y jóvenes: leer. “Lean, lean”, repitió, convencida de que la lectura no solo mejora la capacidad de escribir y desarrollar el pensamiento, sino que también constituye una herramienta de autoconocimiento.