Infancia, emociones e identidad /
La importancia de acompañar a los niños en su desarrollo
Las psicólogas Valentina Savio Carballo y Guadalupe Lluberas, en una entrevista en el streaming de Diario La Prensa, dieron a conocer el trabajo que realizan con niños y niñas, desde una perspectiva centrada en el bienestar emocional durante la infancia. Su propuesta pone énfasis en la importancia de generar espacios donde los más pequeños puedan expresarse, conocerse y comprender lo que les sucede.
Uno de ejes de su trabajo es el reconocimiento de las emociones. Durante la infancia, aprender a identificar lo que se siente constituye una herramienta fundamental para poder comunicarlo y, posteriormente, encontrar formas saludables de regularlo.
Alegría, tristeza, miedo, enojo, sorpresa o asco son algunas de las emociones básicas que forman parte de la experiencia cotidiana. Sin embargo, reconocerlas no siempre resulta sencillo para los más pequeños. Por eso, las profesionales consideran importante acompañarlos en el proceso de ponerles un nombre y comprender cómo se manifiestan en el cuerpo.
La comunicación ocupa un lugar central. Poder decir “estoy triste”, “estoy enojado” o “tengo miedo” permite que el niño pueda expresar lo que le ocurre y que los adultos tengan mejores herramientas para acompañarlo.
No existen emociones buenas o malas
Uno de los conceptos que las psicólogas consideran necesario transmitir es que las emociones no deberían clasificarse simplemente como buenas o malas. Todas cumplen una función y forman parte de la vida.
El desafío está en aprender qué hacer con aquello que sentimos. El enojo, por ejemplo, puede generar ganas de romper objetos o golpear, pero eso no significa que la emoción sea negativa. Lo importante es encontrar alternativas que permitan expresarla sin dañarse ni dañar a otras personas.
En este proceso, cada niño es diferente. No todos sienten de la misma manera ni necesitan el mismo tiempo para comprender o regular una emoción. La edad, las experiencias personales y el contexto familiar influyen en la manera en que cada uno procesa lo que le sucede.
Las profesionales destacan, por eso, la necesidad de evitar respuestas que minimicen los sentimientos infantiles. Frases habituales como “no llores” o “no pasó nada” suelen decirse con la intención de consolar, pero pueden transmitir al niño la idea de que determinadas emociones deben ocultarse.
El papel fundamental de los adultos
Para Savio y Lluberas, los referentes adultos tienen una responsabilidad fundamental en el desarrollo emocional de los niños. Esto no significa atribuirles culpas, sino reconocer el lugar que ocupan quienes acompañan cotidianamente a los más pequeños.
Las propias formas de reaccionar de los adultos pueden convertirse en modelos para los niños. Si un adulto no sabe reconocer o expresar lo que siente, resulta más difícil enseñar esas herramientas. De ahí la importancia de que madres, padres y otros referentes también puedan revisar sus propias maneras de gestionar las emociones.
Las psicólogas señalan que muchas conductas provienen de aprendizajes culturales y familiares que se transmiten de generación en generación. El tradicional “no llores” puede haber sido escuchado por los propios adultos cuando eran niños y reproducirse posteriormente, sin una intención de hacer daño.
La diferencia está en que actualmente existe mayor acceso a información y herramientas para revisar esas prácticas. Leer, consultar a profesionales y buscar información confiable son algunas de las posibilidades que permiten incorporar nuevas formas de acompañamiento.
La identidad y el valor de las diferencias
Otro de los aspectos que las profesionales consideran relevante durante la infancia es la construcción de la identidad. Cada niño tiene una historia particular, una familia, una cultura, una edad, experiencias y características que lo hacen diferente de los demás.
Reconocer esas diferencias no debería ser motivo de separación, sino una oportunidad para desarrollar empatía y aprender a convivir. Comprender que cada persona es única ayuda también a respetar las particularidades de los otros.
La identidad, además, no es un concepto abstracto alejado de la vida cotidiana. Se construye a partir de los vínculos, las experiencias y los espacios en los que cada niño crece.
Prevenir desde edades tempranas
La mirada de las psicólogas también alcanza problemáticas como el acoso escolar. Guadalupe Lluberas abordó este tema desde una perspectiva psicosocial, poniendo especial atención en la prevención y en el papel que cumplen tanto la familia como la escuela.
Para comprender el bullying no alcanza con observar únicamente a quien sufre la situación. También es necesario preguntarse qué lleva a un niño a ejercer violencia sobre otro. En ese sentido, trabajar desde temprano el reconocimiento de las emociones, la regulación y el respeto puede contribuir a prevenir conductas dañinas.
Valentina Savio, por su parte, desarrolló un proyecto de intervención vinculado al duelo en niños y niñas. Allí también contempló la participación de los adultos referentes, debido a la importancia que tienen durante los procesos emocionales complejos.
Ambas profesionales coinciden en que no existe una única manera ni un tiempo determinado para atravesar determinadas experiencias. Cada niño tiene su propio proceso.
Desde esta perspectiva, acompañar la infancia implica mucho más que resolver los problemas cuando aparecen. Supone escuchar, validar, enseñar a expresar lo que se siente y ofrecer herramientas para que los niños puedan comprenderse a sí mismos y relacionarse con los demás. En ese camino, la presencia de los adultos puede convertirse en uno de los recursos más importantes para su desarrollo.