La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

A los ocho años, Mariana Píriz descubrió que la danza sería mucho más que una actividad extracurricular. Aquella primera experiencia, casi casual, en una coreografía escolar despertó una vocación que marcaría su vida para siempre. Hoy, dieciséis años después de fundar Uruguay Arte, la directora de la academia prepara uno de los desafíos más importantes de su carrera, llevar a escena el clásico ballet Cascanueces con un elenco integrado por medio centenar de bailarines de distintas edades.

Su historia comenzó en el colegio Santa Cruz, cuando una profesora invitó a las alumnas a participar en una presentación como porristas para un partido de fútbol. Finalizada aquella experiencia, la docente convocó a quienes quisieran integrarse a sus clases de ballet. Mariana aceptó el desafío y, desde el primer día, tuvo una certeza que nunca cambió, quería enseñar.

“Desde ese momento dije que quería ser como mi profesora, tener mis alumnas y compartir todo lo que aprendiera”, recordó durante en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa.

La disciplina como camino

Con esa meta, inició un largo proceso de formación. Durante diez años estudió ballet clásico, completando el profesorado a los 18 años. Más tarde se especializó también en danza jazz y realizó estudios de danza árabe, aunque decidió dedicarse profesionalmente a las disciplinas que más la apasionaban.

Para Píriz, el ballet exige mucho más que talento. La disciplina, el compromiso y el estudio constante son pilares fundamentales de la formación de un docente.

En su academia no solo se trabaja la técnica, sino también la teoría. Anatomía, psicología de la danza y didáctica forman parte del proceso de preparación de quienes aspiran a convertirse en profesores.

“Estamos formando maestros, no solamente bailarines. Cada alumno aprende de manera diferente y el profesor debe saber identificar las fortalezas de cada uno para ayudarlos a crecer”.

El nacimiento de Uruguay Arte

Abrir su propia academia era un objetivo que tenía definido desde la adolescencia. Sin embargo, convertir ese sueño en realidad no fue sencillo. La búsqueda de un espacio adecuado parecía complicarse hasta que apareció el respaldo decisivo de su familia.

Un salón acondicionado, de a poco. Entre padres, hermanos y otros colaboradores organizaron el lugar, mientras Mariana priorizaba aquello que consideraba indispensable, un buen piso para proteger el desarrollo técnico de los bailarines.

Los espejos, las barras y el resto del equipamiento fueron llegando con el tiempo. “El piso era lo primero. Después, poco a poco, incorporamos todo lo demás”.

La respuesta del público superó cualquier expectativa. En el primer año esperaba apenas una decena de alumnos, pero terminó con cuarenta inscriptos. Al año siguiente la matrícula se duplicó y alcanzó los ochenta estudiantes.

Aunque la pandemia significó un freno para muchas actividades culturales, la academia logró recuperarse y continúa creciendo en un escenario donde hoy existen muchas más escuelas de danza que cuando comenzó.

Lejos de verlas como competencia, Mariana considera que todas cumplen un papel importante.

“Hay espacio para todos. La danza en Salto ha crecido muchísimo y todas las academias tenemos nuestros alumnos.”

Mucho más que aprender a bailar

En la oportunidad destacó el valor humano que aporta la danza, especialmente en la infancia. Además del aprendizaje técnico, considera que las clases permiten desarrollar la convivencia, el trabajo en equipo y el respeto por los demás.

En Uruguay Arte participan niños desde los dos años de edad. Con los más pequeños, las clases combinan música, juegos, disfraces y distintas propuestas para mantener la atención, siempre con el acompañamiento de más de una profesora.

“Les enseñamos que todas son amigas, que se ayudan entre ellas y que el trabajo es colectivo. Es algo que intentamos transmitir desde el primer día”.

Ese espíritu colaborativo también se refleja entre las alumnas mayores y las egresadas de la institución. Desde 2014, la academia ha formado alrededor de cincuenta profesoras, muchas de las cuales continúan colaborando de forma voluntaria cada vez que surge un nuevo proyecto.

El desafío de llevar “Cascanueces” al teatro

La producción de Cascanueces comenzó a gestarse incluso antes del inicio del año lectivo. Durante el verano, Mariana dedicó horas a estudiar diferentes versiones del ballet, analizar coreografías y planificar cada escena.

El resultado será una adaptación que respeta la esencia de la obra original de Piotr Ilich Tchaikovsky, aunque incorpora algunos ajustes pensados para facilitar la participación de los más pequeños.

El espectáculo reunirá a unos cincuenta intérpretes, desde niños de dos y tres años hasta adultos, incluyendo invitados de otras academias y familiares que aceptaron sumarse al elenco.

La preparación ha requerido meses de ensayos, confección de vestuarios, construcción de escenografías y coordinación de numerosos colaboradores.

Profesores de Concordia participaron en la enseñanza de algunas de las coreografías más complejas, mientras familias de alumnas dedicaron fines de semana enteros a coser, pintar y construir elementos escenográficos.

“Es un trabajo enorme, pero nunca me sentí sola. Siempre aparece alguien dispuesto a ayudar”.

La función se realizará el sábado 8, a las 19 horas, en el Teatro Larrañaga.

Arriesgarse para crecer

Pese a los años de experiencia, Mariana reconoce que los nervios siguen siendo los mismos de sus primeras presentaciones. Su objetivo continúa siendo ofrecer un espectáculo cuidado hasta el último detalle para que el público salga con ganas de volver. Incluso en los días previos al estreno continúa viendo versiones de Cascanueces, incorporando nuevas ideas para la escenografía o el vestuario. Para ella, el aprendizaje nunca termina.

Al finalizar su mensaje final estuvo dirigido especialmente a quienes dudan antes de dar un paso importante. “Hay que animarse. Las cosas pueden salir bien o mal, pero todo deja una enseñanza. Si uno no se arriesga, no avanza.”

Esa filosofía también atraviesa su vida personal. Madre de cuatro hijos pequeños, combina la dirección de la academia con las responsabilidades familiares y el trabajo cotidiano, apoyada por su esposo y su entorno cercano.

“No es sencillo, pero se puede”, afirmó con una sonrisa.

Requiem Servicio Funebre
Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte