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En el marco del Mes de la Mujer, la referente en desarrollo social y promoción de derechos, Adriana Miraballes, compartió su historia, reflexiones y desafíos en una entrevista que dejó en evidencia no solo su recorrido personal, sino también las transformaciones sociales que atraviesan las mujeres en la actualidad. Con una mirada profundamente humana, su testimonio combina experiencia, sensibilidad y una firme convicción, la igualdad se construye todos los días.

Miraballes participó en un ciclo de actividades donde destacó el intenso trabajo realizado durante marzo en el departamento de Salto. Explicó, lejos de limitarse a una fecha puntual, las acciones vinculadas a los derechos de las mujeres deben sostenerse durante todo el año. “No tiene por qué terminar el mes de las mujeres cuando termina marzo”, afirmó, remarcando la importancia de dar continuidad a las políticas y actividades.

Un mes de visibilidad

El balance del Mes de la Mujer en Salto fue, en sus palabras, “muy rico”. Se desarrollaron múltiples actividades impulsadas tanto por el Gobierno Departamental como por organizaciones de la sociedad civil, con una participación destacada de mujeres de distintas edades.

Uno de los aspectos más valorados fue el carácter intergeneracional de las propuestas. “Hubo participación desde mujeres muy jóvenes hasta mujeres mayores, con un entusiasmo enorme”. Esta diversidad permitió fortalecer vínculos y ampliar la mirada sobre las problemáticas que atraviesan a las mujeres en diferentes etapas de la vida.

Además, Miraballes destacó la importancia de que las iniciativas surjan desde el interior del departamento, respetando las dinámicas locales. “La riqueza está en que las actividades nazcan de la propia población”, subrayando que el rol institucional debe acompañar, no imponer.

De los números al trabajo social, una vocación construida

La historia personal de Miraballes refleja un camino de búsqueda y redefiniciones. En sus inicios, se inclinó por las ciencias económicas, impulsada en parte por las expectativas familiares. Sin embargo, pronto comprendió que ese no era su lugar.

“Tenés que elegir a los 18 años qué hacer el resto de tu vida, y no estamos preparados para eso”, reflexionó. Tras abandonar esa carrera, su vida tomó otros rumbos, se casó joven, fue madre de cuatro hijos y atravesó las exigencias de la crianza.

Su ingreso al Poder Judicial marcó un punto de inflexión. Allí descubrió su vocación por lo social, especialmente desde una perspectiva empática hacia las personas en situación de vulnerabilidad. “Siempre me posicioné del lado del defensor”.

Ese enfoque la llevó a estudiar Derecho, aunque no pudo finalizar la carrera debido al cierre del instituto donde cursaba. Lejos de desmotivarse, encontró una nueva oportunidad en el trabajo social, disciplina que finalmente abrazó como propia.

Formación constante y compromiso con la realidad

La pandemia, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en una oportunidad para profundizar su formación. Miraballes realizó una maestría y diversas diplomaturas, muchas de ellas vinculadas a la violencia doméstica, un tema que la interpela desde sus años en el ámbito judicial.

“Es algo que me caló hondo”. Su compromiso con esta problemática se traduce en una práctica profesional basada en la escucha activa y la orientación. “No soy de las técnicas que dicen ‘acá no es’ y nada más. Siempre hay una forma de ayudar”.

A lo largo de su carrera, también ha trabajado con personas con discapacidad, cooperativas de vivienda y distintos colectivos sociales. Para ella, el eje siempre es el mismo, la empatía y el acompañamiento.

Las múltiples cargas de las mujeres

Miraballes no esquivó un tema central, la sobrecarga que enfrentan muchas mujeres a lo largo de su vida. Desde la crianza de los hijos hasta el cuidado de los padres, pasando por el trabajo remunerado y la formación, las exigencias son múltiples.

“Lo viví en carne propia”. Esa experiencia le permite comprender de manera directa las dificultades que atraviesan otras mujeres, especialmente aquellas en contextos de vulnerabilidad.

También advirtió sobre los cambios en las dinámicas familiares y sociales, marcados por el avance de la tecnología. “Estamos pero no estamos”, dijo en referencia a la falta de comunicación en los espacios cotidianos. Señaló tanto jóvenes como adultos mayores necesitan espacios de encuentro, escucha y contención.

Menos competencia, más unión

Hacia el final de la entrevista, Miraballes dejó un mensaje dirigido especialmente a las mujeres. Reconoció que no todas parten de las mismas condiciones y cuestionó la idea de que “el que quiere puede”, señalando que existen múltiples factores que limitan las oportunidades.

Sin embargo, su llamado principal fue a la unión. “Tenemos que dejar de competir entre nosotras”, afirmó con firmeza. Para ella, la competencia interna debilita los avances hacia la igualdad y refuerza desigualdades.

“Podés competir contigo misma para ser mejor cada día, pero no contra otra mujer”. En ese sentido, propuso revisar prácticas cotidianas y fomentar una cultura de apoyo mutuo.

Salto como escenario de oportunidades

Finalmente, expresó su agradecimiento al departamento de Salto, donde ha desarrollado gran parte de su labor. “Me ha brindado muchísimas oportunidades”, reconociendo que fue el territorio en su crecimiento personal y profesional.

Con una identidad que combina sus raíces y su presente, reafirmó su compromiso con la comunidad y con la causa que ha guiado su vida, trabajar por una sociedad más justa, empática e igualitaria.

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