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Vértigo, cuando el cuerpo pierde el equilibrio
El vértigo y los mareos son sensaciones frecuentes que pueden afectar a personas de distintas edades. Aunque muchas veces son pasajeros, también pueden constituir una señal de que existe un problema de salud que requiere atención. El vértigo no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede estar relacionado con diferentes afecciones.
Quienes lo experimentan pueden sentir que todo a su alrededor gira o que su propio cuerpo está en movimiento. También pueden aparecer debilidad, inestabilidad, sensación de desmayo, náuseas e incluso vómitos. Los episodios pueden durar desde unos pocos segundos hasta varios días y, en algunos casos, reaparecer con el tiempo.
No todos los mareos son iguales
Existen diferentes formas de experimentar estos síntomas. El presíncope aparece cuando una persona siente que está a punto de desmayarse, aunque finalmente no pierde el conocimiento. Por otro lado, el desequilibrio se manifiesta como inestabilidad o dificultad para mantener la postura y caminar.
El vértigo propiamente dicho se caracteriza por una falsa percepción de movimiento o giro. Esta sensación puede dificultar actividades cotidianas como caminar, subir escaleras, inclinar la cabeza o incluso permanecer sentado o acostado.
El oído interno, uno de los protagonistas
Entre las causas más frecuentes se encuentran los trastornos del oído interno, órgano fundamental para mantener el equilibrio. Uno de ellos es el vértigo posicional paroxístico benigno, que puede provocar episodios breves e intensos ante determinados movimientos de la cabeza.
También pueden intervenir infecciones del sistema vestibular, la enfermedad de Ménière relacionada con una acumulación excesiva de líquido en el oído interno y las migrañas, que pueden producir vértigo incluso cuando no existe dolor de cabeza.
No todos los casos tienen origen en el oído. Las alteraciones de la presión arterial, problemas de circulación, algunas enfermedades neurológicas, la ansiedad y determinados medicamentos también pueden provocar mareos.
Deshidratación, glucosa y otros factores
La deshidratación y el sobrecalentamiento pueden favorecer la aparición de episodios de mareo, especialmente después de realizar actividad física intensa. Asimismo, los niveles bajos de azúcar en sangre o de hierro pueden generar debilidad y sensación de inestabilidad.
Algunos medicamentos, incluidos ciertos antihipertensivos, anticonvulsivos, antidepresivos y sedantes, también pueden producir mareos como efecto secundario. Por este motivo, ante síntomas persistentes, es importante consultar a un profesional y no modificar por cuenta propia ningún tratamiento.
¿Cuándo es necesario consultar?
Un episodio ocasional y leve no necesariamente indica una enfermedad grave. Sin embargo, se recomienda buscar atención médica cuando el vértigo es frecuente, repentino, intenso o inexplicable.
La consulta debe ser especialmente prioritaria si aparece acompañado de dolor de cabeza persistente, dificultad para respirar, dolor en el pecho, desmayos, convulsiones, alteraciones de la audición, dificultad para hablar o caminar, confusión, pérdida de sensibilidad o debilidad en brazos o piernas.
Prevenir accidentes también es importante
Durante un episodio de vértigo, realizar determinadas actividades puede aumentar el riesgo de caídas y lesiones. Se aconseja evitar subir escaleras, permanecer en lugares elevados, caminar en la oscuridad o realizar actividades que requieran estabilidad.
En el hogar, instalar agarraderas en baños y duchas, mantener los espacios de circulación despejados y retirar alfombras o cables sueltos puede ayudar a prevenir accidentes. Además, actividades como el yoga o el tai chi pueden contribuir a mejorar el equilibrio en algunas personas.
Reconocer las señales del cuerpo y consultar a tiempo permite identificar las causas del vértigo y adoptar las medidas adecuadas para recuperar la seguridad y la calidad de vida.