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Del 2 al 8 de noviembre se desarrolla la edición 2026 de la Semana de Sensibilización sobre el Consumo de Azúcar, una iniciativa que este año propone una pregunta para reflexionar: ¿Quién decide realmente lo que ponemos en nuestro carrito de compras?

La campaña busca poner en evidencia cómo la publicidad, el marketing, las promociones y los mensajes que recibimos a diario condicionan nuestras decisiones alimentarias, favoreciendo muchas veces la elección de productos con exceso de azúcar. Esta influencia es especialmente significativa entre niños, niñas y adolescentes, un público particularmente sensible a los estímulos comerciales y que, además, suele incidir en las compras familiares.

Las pantallas también desempeñan un papel importante. Según la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud, su utilización durante las comidas puede disminuir la atención sobre los alimentos consumidos, dificultando el reconocimiento de las cantidades, la calidad de lo ingerido y las señales de saciedad.

Publicidad, pantallas y hábitos alimentarios

Los envases atractivos, las promociones, los influencers y las promesas de felicidad, energía o rendimiento influyen en nuestras elecciones alimentarias, especialmente en niños y adolescentes. Frente a estos estímulos, la Guía alimentaria para la población uruguaya recomienda: «Sé crítico con la información y los mensajes publicitarios que recibes sobre alimentación». La Semana invita a las familias a reflexionar sobre estas influencias, involucrar a todos sus integrantes en la construcción de hábitos saludables y recuperar el control de las compras, prestando atención a los octógonos de advertencia y a las listas de ingredientes.

El azúcar oculto en los alimentos

El exceso de azúcar se relaciona con mayor riesgo de caries dental, aumento de peso y diabetes tipo 2. En particular, el consumo habitual de bebidas azucaradas se asocia con el sobrepeso y con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Una botella de 600 mililitros de refresco puede contener aproximadamente 60 gramos de azúcar, equivalentes a 12 cucharaditas. Un alfajor aporta unos 25 gramos, mientras que una lata de bebida energizante de 500 mililitros puede contener entre 54 y 60 gramos.

Además, el azúcar agregado puede aparecer en las etiquetas con diferentes nombres: glucosa, fructosa, dextrosa, jarabe de fructosa, azúcar invertido, panela, miel o jugos concentrados, entre otros. Por eso, leer los ingredientes es fundamental para identificar lo que realmente estamos consumiendo.

Es importante distinguir estos azúcares agregados de los que están naturalmente presentes en alimentos como las frutas y la leche, que forman parte de una alimentación saludable.

Cuidar la alimentación desde el comienzo de la vida

La atención al consumo de azúcar comienza incluso durante el embarazo. En esta etapa, mantener una alimentación equilibrada contribuye a cuidar la salud materna, controlar la presión arterial y reducir el riesgo de diabetes gestacional. También es importante para el desarrollo y la salud metabólica del bebé.

Durante la infancia y la adolescencia, evitar el exceso de azúcar ayuda a prevenir factores de riesgo cardiovascular desde edades tempranas. En Uruguay, la Ley 19.140 constituye un avance en esta dirección, al regular la calidad de los alimentos ofrecidos en los centros de enseñanza.

Elegir alimentos naturales también es una decisión

La propuesta de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular es apostar por alternativas sencillas y nutritivas: agua en lugar de bebidas azucaradas y frutas enteras en lugar de productos dulces ultraprocesados. Las frutas aportan agua, fibra, vitaminas y minerales, además de contribuir a la saciedad.

También es posible reducir el azúcar en las preparaciones caseras utilizando banana, frutas desecadas, vainilla, canela o ralladura de limón y naranja para realzar los sabores. Galletas de avena y banana, yogur natural con frutas y helados caseros de fruta son algunas opciones.

Las preparaciones en casa permiten conocer mejor los ingredientes y acostumbrar el paladar a sabores menos dulces.

Entonces, ¿quién decide realmente lo que ponemos en el carrito? La publicidad, las redes sociales, los envases y las promociones influyen, pero también tenemos la posibilidad de elegir con información y pensamiento crítico.

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