Soledad y vejez /
El aislamiento social como un riesgo para la salud
La soledad y el aislamiento social constituyen una problemática que puede tener importantes consecuencias sobre la salud física, mental y emocional de las personas mayores. Así lo plantea el artículo “Ecos de la soledad”, de la psicóloga Damaris Quinteros Zúñiga, quien destaca la importancia de mantener vínculos familiares, sociales y afectivos durante todas las etapas de la vida.
La soledad puede ser una situación temporal o prolongada. Para algunas personas representa una oportunidad de crecimiento y reflexión, mientras que para otras puede transformarse en una experiencia difícil, asociada al retraimiento, la melancolía y la falta de compañía.
El vínculo familiar ocupa un lugar central. A lo largo de la vida se establecen relaciones con familiares, amigos y compañeros que permiten compartir experiencias, metas y afectos. Sin embargo, durante la tercera edad estas interacciones pueden disminuir debido a cambios en las amistades, la independencia de los hijos, la jubilación, el distanciamiento y la pérdida de seres queridos.
Factores que pueden aumentar la sensación de soledad
Entre los factores que pueden favorecer el aislamiento se encuentra, en primer lugar, no vivir con la pareja, situación que puede incrementar la sensación de separación y generar necesidad de compañía y apoyo emocional.
También aparece la jubilación o el despido, debido a que modifica las rutinas y reduce los contactos sociales cotidianos. A esto se suman los problemas de salud o limitaciones sensoriales, como dificultades auditivas, visuales o de comunicación, que pueden dificultar la participación en actividades sociales.
Otro factor señalado es la dificultad para desplazarse o la falta de transporte, que puede reducir la autonomía y aumentar la dependencia. Asimismo, la discriminación por edad, origen étnico o género puede afectar la autoestima y limitar la participación social de las personas mayores.
Consecuencias sobre la salud física y mental
El aislamiento social y la soledad pueden afectar diferentes dimensiones de la salud. Según el material, aproximadamente una de cada cuatro personas mayores se encuentra afectada por esta situación, de acuerdo con datos atribuidos a la Organización Mundial de la Salud.
Entre sus posibles consecuencias se encuentran el deterioro de las capacidades mentales, el aumento del riesgo de demencia y la aparición de trastornos emocionales como depresión y ansiedad. También pueden presentarse problemas de salud física y un incremento de la mortalidad asociado a la falta de apoyo y compañía.
El aislamiento puede, además, romper los vínculos y generar una forma de violencia psicológica que provoca daños emocionales, físicos y sociales.
Acompañar, participar y mantener los vínculos
Frente a esta realidad, el acompañamiento adquiere especial importancia. Mantener actividades físicas, participar en encuentros con amigos y familiares, realizar controles médicos, organizar las tareas cotidianas y adoptar una mascota son algunas de las alternativas mencionadas para reducir el estrés, la ansiedad y el aislamiento.
También se destaca la importancia de establecer contacto con los vecinos, participar en actividades religiosas o comunitarias y fortalecer las redes de apoyo.