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El Sub Secretario de Salud Pública es noticia reiteradamente en los medios de prensa. La mayoría de las veces expone sobre el engañoso “derecho” a la salud sexual y reproductiva y más específicamente sobre la forma de matar a inocentes: “el aborto”, que es uno de los más graves componentes de aquel. Desde antes de asumir en el puesto que actualmente ocupa, manifestó sus intenciones de modificar la ley del aborto, ampliando plazos, reduciendo requisitos, es decir, permitiendo que las muertes provocadas a niños concebidos sean más accesibles, con más tiempo de vida que lo que actualmente está permitido por la ley.

¿Nos damos cuenta lo que quiere hacer? ¡Matar a niños concebidos con mayor desarrollo facilitando los medios para que se haga! Y como excusa pone un argumento tan vil como lo es su propuesta: que las mujeres decidan abortar o no, después de conocer que su hijo ”puede” tener alguna malformación que sea compatible con la vida extrauterina. ¡Ah eso sí! Son las mujeres las que deciden, los “prestadores de salud” se encargan de recabar en el consentimiento informado, la sola voluntad de la mujer y la envían a la casa, donde tomará varias pastillas que matarán y expulsarán al niño.

Y así, quien tiene la responsabilidad de velar por la salud de la población en Uruguay, continúa matando a concebidos y condenando a la madre al sufrimiento permanente. No hay otra consecuencia más que sufrimiento para la mujer a quien se le facilita matar a su hijo.

Consultado sobre las cifras de abortos en el año 2025, señaló que 200 casos más que en el año 2024 (en realidad son 213, ¡toda vida importa!), no es significativo, que es muy leve. No se cansa de repetir la mentira de lo que el aborto no es, infrecuente y su práctica segura. Si fuese infrecuente en el año 2025 no hubiese habido, como sucedió: 11.445 abortos, cifra record desde que se aprobó la ley. Si fuese segura no habría habido muertes maternas por aborto, después de aprobada la ley, como sucedió. En lo único que acierta es en calificarlo de accesible y quiere hacerlo más accesible aún.

200 nacimientos menos, son casi 7 grupos de 30 niños en un CAIF o en una guardería, en la escuela primaria, luego en secundaria, luego ocupando puestos de trabajo, formando familias, etc.

El mismo funcionario ha declarado que tampoco es importante la cantidad de mujeres que después de consultar con el equipo interdisciplinario continúan con el embarazo. En el año 2024 representaron 521 mujeres que tuvieron a sus hijos. 521 niños más en Uruguay es una bendición, matarlos es una maldición para su familia, para la sociedad, para el país.

Es increíble que esto suceda en un mundo civilizado. Al funcionario público, que trabaja para la “infelicidad pública”, se lo recordará en las páginas negras de la historia. La infamia no es solo propia de él, la titular de la Cartera, otros organismos del Estado, legisladores, organizaciones que dicen luchar por los derechos de las mujeres, son promotores de esta desgracia que mata y condena.

¿Permitiremos más injusticias y muertes en Uruguay?

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