Nací en un barrio de gente trabajadora. Durante décadas, los hechos más violentos quedaron en la memoria como historias lejanas. Hoy, una ráfaga de disparos frente a una familia nos obliga a preguntarnos qué está pasando. Haber nacido en uno de los barrios más antiguos de Salto, primero conocido como Paraje Matadero y luego como Barrio Artigas, me lleva a pensar en lo que ocurre hoy. Durante más de cien años hubo hechos violentos que quedaron en la memoria de los vecinos. Algunos todavía se recuerdan en reuniones familiares o entre amigos. Mencionarlos puede causar dolor a alguna familia, y por eso lo hago con respeto.
Recuerdo las historias sobre el homicidio de un comisario, ocurrido hace más de cincuenta años. También otros hechos de sangre, algunos vinculados a venganzas, y el homicidio de un jugador de fútbol del Club Gladiador. Está también aquel recordado asalto a la sucursal del Banco de Londres . Las historias de la época cuentan que las municiones utilizadas por los delincuentes fueron adquiridas en un comercio de la familia Ceriotti, frente al estadio Vispo Mari. Son hechos que quedaron marcados en la historia de Salto y del barrio.
Pero hay algo que llama profundamente la atención. Todos esos hechos ocurrieron hace cuarenta, cincuenta años o más. Fueron graves, enlutaron familias y se siguieron comentando durante mucho tiempo. Eran excepcionales. Hoy, en cambio, una ráfaga de disparos frente a una vivienda, delante de familiares y menores de edad, nos deja sin palabras. ¿En qué momento comenzamos a acostumbrarnos a esto?
Barrio Artigas es un barrio de gente trabajadora, que ha crecido y se ha transformado en los últimos años. Por eso, lo ocurrido no puede verse como algo normal. Si aceptamos que una persona sea asesinada a tiros frente a su familia como una noticia más, estamos ante un problema mucho mayor. ¿todo esto es consecuencia de la droga? Seguramente el narcotráfico tiene un papel importante en muchos hechos violentos, pero quienes estudian estos fenómenos sociales deberían ayudarnos a encontrar otras respuestas. ¿Qué está pasando con nuestra sociedad? ¿Por qué crece la violencia? ¿Por qué parece valer cada vez menos la vida?
Este año tuvimos otros hechos que también preocupan, en solo dos meses. El 25 de junio, en barrio Calafí, una persona fue asesinada en un hecho relacionado con el robo de una moto. El 6 de agoto agosto, en Salto Nuevo, una puñalada terminó con la vida de un hombre de 40 años. Y el 24 de agosto, cerca de la medianoche, ocurrió el homicidio en barrio Artigas. Son tres muertes, tres familias, tres historias que cambiaron para siempre. No debemos acostumbrarnos a informar homicidios, robos, rapiñas y hechos violentos como si fueran parte de la vida cotidiana.
También es válido preguntarnos cuánto tiempo más vamos a escuchar diagnósticos y explicaciones. Los gobiernos cambian, las responsabilidades también. Pero quien tiene el poder de decisión tiene, sobre todo, la responsabilidad de actuar. No alcanza con explicar por qué llegamos hasta acá, hay que encontrar la forma de salir. La droga, la violencia, la falta de oportunidades, la pérdida de valores, las fallas en la educación, la situación social y muchos otros factores pueden formar parte de esta realidad. Pero necesitamos respuestas serias.
Porque Barrio Artigas no quiere acostumbrarse a las balas. Salto tampoco. Detrás de cada homicidio hay una familia, hay hijos, hay padres, hay amigos y hay una vida que no vuelve. Por eso, más allá de las banderas políticas, ¿qué vamos a hacer para que esto no se convierta en algo normal? Las respuestas las debe dar, principalmente, quien tiene la responsabilidad de gobernar. Y las necesitamos ahora.