Carlos Palavecino /
El barbero que redefine la imagen masculina desde el cuidado y la empatía
En una tarde lluviosa, de la sala de Streaming de Diario La Prensa recibió a un invitado poco habitual, un barbero. Pero no cualquier barbero. Carlos Palavecino, propietario de Barber Studio Peter Brieff, llegó para hablar de algo más que cortes de cabello o barbas bien delineadas. Habló de autoestima, de hábitos, de la relación entre imagen y bienestar emocional. Su enfoque trasciende la tijera, busca transformar la forma en que los hombres se ven a sí mismos y cómo son percibidos por los demás.
El nombre de su barbería Peter Brieff encierra una anécdota divertida y entrañable. “Cuando era chico, mi primo me llamaba ‘Pepe Calzoncillo’. Me pareció demasiado grosero para ponerle a un local, así que lo traduje al inglés, Brieff significa calzoncillo”. El humor y la naturalidad lo acompañan, pero también la profesionalidad y el deseo de ofrecer algo diferente en un rubro que crece día a día.
El renacer del varón que se cuida
Palavecino sostiene que en las últimas décadas ha cambiado la percepción del cuidado masculino. “Antes, los hombres sentían pudor de hacerse tratamientos o de preocuparse por su imagen. Hoy hay una concientización. Ya no es un tabú hidratarse la piel o perfilarse las cejas”. Su testimonio está lleno de ejemplos reales. Uno de sus clientes, un trabajador de la construcción, le confesó que nunca nadie le había enseñado a cuidarse las manos o la cara. “Cuando se miró al espejo después de un tratamiento, se dio cuenta de que se veía distinto. Y eso lo motivó a seguir cuidándose. No es solo vanidad, es autoestima.”
Para Palavecino, el cambio comienza en el espejo. “Yo siempre les digo a mis clientes: esto que ves ahora es lo que vas a ver todos los días cuando te levantes. Si te ves bien, lo vas a proyectar, y el entorno te va a tratar mejor”. El barbero salteño concibe su trabajo como una forma de acompañar procesos personales. “Muchos hombres creen que el mundo los trata mal, pero a veces somos nosotros los que proyectamos una energía descuidada. Cuando mejorás tu imagen, también mejorás la manera en que te vinculás con los demás.”
Más que un corte, una experiencia
El Barber Studio Peter Brieff se diferencia por centrarse en la experiencia del cliente. El corte de pelo o el perfilado de barba son apenas una parte de un ritual más amplio. “Mi prioridad es cómo el cliente se siente cuando llega, mientras está en la silla y cuando se va. Algunos necesitan hablar, otros prefieren silencio. Hay que tener tacto y empatía”.
Además de los servicios clásicos, Palavecino ofrece limpiezas faciales, tratamientos de hidratación y asesoramiento personalizado. Su objetivo es que cada persona se sienta renovada, tanto por fuera como por dentro. “Trabajo con productos de calidad, porque la experiencia debe ser buena desde todos los sentidos: el aroma, el tacto, la sensación de frescura. No se trata solo de estética, sino de bienestar.”
La barba como símbolo y desafío
En tiempos donde la barba volvió a ser protagonista, Palavecino tiene una opinión clara, “La barba es muy mimosa”, bromea. “Requiere más cuidado que el cabello. Hay que hidratarla, peinarla, usar aceites, recortar los pelitos rebeldes.” Muchos hombres, dice, se impacientan y abandonan a la semana por el picor o la incomodidad. Pero la clave está en la constancia. “Con hidratación y tiempo, la piel se adapta. A los 15 días ya no molesta. Es parte del proceso.” El barbero explica también las tendencias que marcan el estilo actual. Los cortes tipo fade y moicano son los más pedidos, aunque según él nada es realmente nuevo. “Los fade existen desde los años 40. Todo se recicla. Los jóvenes buscan diferenciarse, pero la moda siempre vuelve.”
Higiene y profesionalismo, el otro lado del espejo
Más allá del diseño o la moda, Palavecino enfatiza un valor esencial, la higiene profesional. “El cliente tiene que ver que abrís un filo nuevo, que esterilizás las herramientas. No se trata solo de imagen, sino de salud. Hay que usar productos desinfectantes, sprays especiales, amonio cuaternario, incluso luz ultravioleta para los instrumentos”. Para él, cuidar al cliente es una muestra de respeto. “Es tu ingreso, tu responsabilidad y tu carta de presentación. La higiene genera confianza.”
Competencia y vocación en un rubro en expansión
El auge de las barberías es evidente, “Por cuadra ya hay dos o tres. Pero eso está bien, porque le da opciones al cliente y nos obliga a mejorar”, asegura. La competencia, en su opinión, eleva la calidad del servicio. “Antes había barberías que se quedaron en el tiempo porque no tenían competencia. Hoy, si no evolucionás, desaparecés. El mercado se regula solo: lo bueno queda y lo malo se va.” Para diferenciarse, Palavecino apuesta por la atención personalizada y el valor humano. “Hoy la gente no busca lo más barato, busca sentirse bien. No alcanza con cortar bien; hay que ofrecer una experiencia y un trato sincero.”
Un logo con historia y corazón
El logotipo de Barber Studio Peter Brieff también tiene una historia familiar. “Los cuadrados grandes representan a mi esposa y a mí; los pequeños, a nuestros hijos; y el dorado, al que tenemos en común. Es nuestro ‘quinto elemento’, el amor”, explica emocionado. Esa conexión personal atraviesa todo su trabajo. “No quise poner una tijera ni un peine en el logo. Preferí algo con significado, algo que me haga bien verlo todos los días.”
El símbolo del “caramelito” y la historia detrás del oficio
Palavecino no se queda en la superficie, incluso conoce los orígenes del icónico barber pole, ese cilindro giratorio rojo, blanco y azul que identifica a las barberías. “Viene de la Edad Media, cuando los barberos también hacían sangrías y extracciones dentales. El rojo representa la sangre, el blanco las vendas y el azul, según algunos, las arterias.” Hoy ese símbolo es un recordatorio de la evolución del oficio, que pasó de ser una práctica médica rudimentaria a un arte del bienestar personal.
Un espacio que transforma y dignifica
La barbería es mucho más que un lugar para cortarse el pelo. Es un espacio de confianza, autoestima y conexión humana.
“Cada cliente tiene su historia. Algunos llegan tristes y se van sonriendo. No hay magia, hay empatía y dedicación. Para mí, el mejor pago no es el dinero, sino ver a alguien mirarse al espejo y sentirse mejor.” En su local de Varela 615, esquina Lavalleja, Carlos recibe a diario a hombres de todas las edades. Entre tijeras, aceites y charlas sinceras, demuestra que el arte de ser barbero puede cambiar mucho más que una imagen, puede cambiar una actitud ante la vida.