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El 1º de abril de 1974 marcó un antes y un después para Salto y toda la región. Ese día comenzó la construcción de la Represa de Salto Grande, una obra que no solo trajo energía eléctrica, sino también esperanza y orgullo para miles de personas. Nada de esto hubiera sido posible sin la movilización popular. Durante años, vecinos, trabajadores y estudiantes se organizaron para reclamar que el proyecto se hiciera realidad. La marcha recordada hacia Montevideo , y el acto en la Plaza Cagancha, fue un símbolo de unidad y de la fuerza de un pueblo que no se resignaba a quedar al margen del desarrollo.


La Comisión Pro-represa

La creación de la Comisión Pro-represa fue clave. Allí se juntaron salteños de diferentes ideas políticas y sociales, dejando de lado las diferencias para empujar juntos un mismo objetivo. Esa diversidad fue la que dio legitimidad y potencia al reclamo, mostrando que la represa era un sueño compartido.

Más que una obra de ingeniería

La Represa de Salto Grande no es solo cemento y turbinas. Es el resultado de la perseverancia de una comunidad que se puso al hombro un proyecto histórico. Representa integración con Argentina, desarrollo económico y, sobre todo, la capacidad de un pueblo de transformar su destino.

Un legado vivo

Cada 1º de abril, Salto recuerda que la represa no nació de un escritorio, sino de la voz y el esfuerzo de su gente. Es un legado que sigue vivo y que inspira a nuevas generaciones a creer en la fuerza de la unión y la participación ciudadana.

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