Salto construye su Plan Departamental de Salud Mental desde la comunidad
La salud mental dejó de ser un tema exclusivo del ámbito sanitario para convertirse en una preocupación central de toda la sociedad. En este contexto, el departamento de Salto avanza en la construcción de su Plan Departamental de Salud Mental, una iniciativa que apuesta a la participación comunitaria, la intersectorialidad y el enfoque de derechos humanos como pilares fundamentales. Así lo explicaron la psicóloga Valeria Peyró y la profesora Angelina Cabrera, integrantes del equipo de coordinación de la Dirección Departamental de Salud Mental, durante su participación en una entrevista en el streaming de Diario La Prensa.
Ambas referentes destacaron que el plan no se limita a atender situaciones de enfermedad, sino que propone una mirada integral del bienestar, entendiendo la salud mental como una dimensión que atraviesa la vida cotidiana, los vínculos sociales y las condiciones del entorno en el que viven las personas.
Un plan nacional con identidad local
El Plan Departamental de Salud Mental forma parte de una política nacional impulsada por el Ministerio de Salud Pública, pero su implementación requiere una adaptación específica a cada territorio. “Las realidades no son las mismas en todos los departamentos, y por eso es clave construir un diagnóstico propio”, explicó Peyró. En ese sentido, Salto tiene el desafío y la oportunidad de definir sus prioridades a partir de las necesidades reales de su población.
El proceso de elaboración del plan se apoya en la Ley de Salud Mental Nº 19.520, que establece que la salud mental debe abordarse desde una perspectiva biopsicosocial, superando la visión centrada únicamente en la enfermedad y la medicalización. Este marco legal promueve la descentralización, la participación social y la corresponsabilidad de distintos sectores del Estado y de la comunidad.
La participación como eje central
Uno de los aspectos más destacados del plan es su carácter participativo. Lejos de limitarse a técnicos y profesionales de la salud, la propuesta convoca a instituciones públicas y privadas, organizaciones sociales, colectivos barriales, sectores educativos, deportivos, religiosos y productivos, así como a personas que, desde su lugar cotidiano, generan espacios de escucha y contención.
Angelina Cabrera subrayó que “nadie se salva solo” y que muchas veces una palabra justa, en el momento adecuado, puede marcar la diferencia. En ese sentido, relató experiencias de trabajo con actores no tradicionales, como jóvenes de una barbería, que sin formación académica específica cumplen un rol clave en el acompañamiento de otras personas.
Territorio, ruralidad y diversidad
El enfoque territorial es otro de los pilares del plan. Salto es un departamento extenso y diverso, con una fuerte concentración de población en la ciudad, pero también con una ruralidad que no puede quedar relegada. “Cada lugar tiene su particularidad y sus propias necesidades”, remarcando la importancia de adaptar protocolos nacionales a la realidad local para que sean aplicables y efectivos.
La construcción del diagnóstico implica recorrer el territorio, escuchar a los distintos colectivos y reconocer tanto las problemáticas como las fortalezas existentes. En este sentido, Peyró destacó el valor de identificar buenas prácticas comunitarias que ya se están desarrollando y que muchas veces pasan desapercibidas.
Más allá de las cifras
Si bien los indicadores de suicidio, depresión y ansiedad generan preocupación, las referentes insistieron en que la salud mental no puede reducirse a números. “Si solo nos quedamos con las cifras, no avanzamos”. El desafío es transformar esos datos en acciones concretas que promuevan el bienestar, la prevención y la inclusión social.
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un estado de bienestar que permite a las personas desarrollar sus capacidades, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. Bajo esta premisa, el plan busca generar condiciones que favorezcan la participación activa y el protagonismo de la ciudadanía.
El rol de la intersectorialidad
El trabajo intersectorial es clave en este proceso. Ministerios como Educación y Cultura, Ganadería, Interior y Defensa, junto a la Universidad de la República, ligas deportivas, gremios, juntas departamentales y colectivos de familiares, ya forman parte de las instancias de diálogo. En total, el equipo ha contactado a cerca de 240 instituciones, un número que continúa creciendo.
La presencia de la Udelar en Salto es considerada una fortaleza estratégica, no solo por la formación de futuros profesionales, sino también por los talleres gratuitos y abiertos a la comunidad que promueven la escucha y la producción colectiva de conocimiento.
Fechas clave y próximos pasos
El proceso de diagnóstico continuará durante 2026, con el objetivo de presentar el Plan Departamental de Salud Mental en diciembre de ese año. Entre las próximas actividades se destacan una instancia el 13 de marzo en Casa de Gobierno, con modalidad híbrida, y un encuentro más amplio el 13 de abril en la Universidad de la República, que reunirá a diversos actores del territorio.
Además, se elaborará un formulario que podrá ser completado por personas, instituciones y colectivos, con el fin de recoger experiencias, identificar necesidades y sistematizar buenas prácticas que serán incorporadas al plan.
Un desafío colectivo
Para Peyró y Cabrera, la salud mental es una responsabilidad compartida. Los más de 130.000 habitantes de Salto tienen algo para aportar, desde su experiencia y su lugar en la comunidad. Participar puede generar resistencias al inicio, pero también abre espacios de aprendizaje, empatía y construcción colectiva.
“La salud mental depende de nuestra biología, de nuestra historia y del contexto social que construimos”. En ese camino, Salto apuesta a un cambio cultural que no es inmediato, pero que se construye paso a paso, con diálogo, compromiso y la convicción de que el bienestar es un derecho de todos.