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El economista y exministro de Economía, Isaac Alfie, volvió a plantear reparos sobre la política de promoción de los biocombustibles en Uruguay, al considerar que la producción nacional genera sobrecostos que terminan siendo asumidos por los consumidores a través del precio de los combustibles. Alfie se refirió particularmente a la mezcla obligatoria de etanol en las naftas, una disposición que busca fomentar la producción nacional de biocombustibles, especialmente en la zona de Bella Unión. Sin embargo, sostuvo que esta política implica un costo adicional que termina trasladándose al conjunto de la economía.

Según explicó, cuando el Estado establece mecanismos de subsidio o protección para determinadas actividades productivas, los recursos necesarios para sostener esos esquemas no desaparecen, sino que son absorbidos por los ciudadanos mediante precios más elevados. En ese sentido, afirmó que este tipo de medidas constituyen lo que habitualmente se denomina “costo país”, es decir, factores que encarecen la actividad económica y reducen la competitividad general. El ex director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) señaló que el debate sobre los biocombustibles debe analizarse no solamente desde una perspectiva social o regional, sino también considerando su impacto económico y financiero. A su juicio, los consumidores pagan más por los combustibles debido a la obligación de incorporar etanol producido localmente, un insumo cuyo costo resulta superior al de otras alternativas disponibles en el mercado.

Respecto a la situación de Bella Unión, donde la producción de caña de azúcar y biocombustibles ha sido históricamente promovida como fuente de empleo y desarrollo regional, Alfie reconoció que existe una dimensión social que no puede ser ignorada. Admitió que la preservación de puestos de trabajo constituye un argumento legítimo para quienes defienden la continuidad de estos programas.

No obstante, sostuvo que después de varias décadas de apoyo estatal y subsidios permanentes, resulta imprescindible comenzar a pensar en nuevas alternativas productivas que permitan generar empleo de manera sostenible y sin depender indefinidamente de transferencias económicas.

Para Alfie, el desafío consiste en impulsar actividades que puedan sostenerse por sí mismas en el mercado, generando riqueza genuina y oportunidades laborales duraderas. En su visión, la discusión sobre los biocombustibles no debería limitarse a mantener los esquemas actuales, sino orientarse a encontrar soluciones que combinen desarrollo regional, eficiencia económica y menor carga para el conjunto de los uruguayos.

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